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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 8 de marzo de 2019
Ante la serie de rotundos fracasos que constituyeron las acciones del anunciado Día D para la caída de Nicolás Maduro y el ascenso del títere Guaidó, el resultado de la reunión del Grupo de Lima y el retorno sin gloria a Venezuela del «autoproclamado», el imperio decidió extender un año más la declaración de emergencia nacional respecto de la situación política en Venezuela, a la que continúan considerando una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos.
Tal declaratoria, vigente desde marzo del año 2015, por decreto de la administración de Barack Obama, es el sustento de las agresiones comerciales, financieras y diplomáticas que pretenden agudizar los problemas económicos y políticos en la República Bolivariana de Venezuela, con el objetivo de causar penurias al pueblo, contraponerlo a su gobierno y reemplazarlo por dirigentes sumisos a los intereses norteamericanos.
¿Por qué un pequeño país subdesarrollado representa tan grave amenaza para el país más poderoso del planeta?
Conviene aclarar que la escalada de agresiones del imperio al hermano país sudamericano lleva veinte años, desde el ascenso de Hugo Chávez Frías a la presidencia de la República en febrero de 1999, que significó la recuperación de sus recursos naturales, entre ellos el petróleo, para utilizarlos en el desarrollo de su pueblo, lo que afectó intereses monopólicos, yanquis principalmente.
Ese cambio, producto del ejercicio de su soberanía nacional y popular, significó una grave afrenta a los monopolios y grupos financieros que se beneficiaban con el manejo de los recursos naturales de Venezuela, sobre todo porque representó la continuación de un ejemplo inconveniente para el imperio, ejemplo que cuarenta años antes Cuba había iniciado.
Tras el fallecimiento de Hugo Chávez en 2013 y el ascenso de Nicolás Maduro, primero por disposición constitucional y después mediante el triunfo en dos elecciones, el imperio y sus lacayos pensaron que tendrían menores dificultades y arreciaron sus agresiones y sus campañas de mentiras para lograr sus propósitos.
Subestimaron al pueblo venezolano. Como en abril de 2002 ese pueblo derrotó al golpe de Estado orquestado desde Washington, ahora, nuevamente en unión con los militares patriotas, hicieron fracasar el intento imperial.
¿Por qué cuando Venezuela fue gobernada por regímenes corruptos, represores y pro yanquis, el gobierno de Estados Unidos no se preocupó por los derechos humanos de ese pueblo?
Alguien dijo que Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses. Mientras esos intereses se mantengan intocables la situación de los pueblos es lo menos que importa; por algo mantienen más de 800 bases militares en el mundo, listas para actuar en defensa de la libertad y la democracia como ellos la entienden.
Lo que actualmente sucede en Venezuela conlleva un grave peligro para los demás pueblos de Nuestra América que decidan actuar soberanamente y, paradójicamente, desaparecerá en la medida en que nuestros pueblos asuman su soberanía y se esfuercen por establecer entre ellos relaciones de cooperación y solidaridad, sobre la base del respeto al derecho ajeno.
* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Gráfica de portada: En imagen de 2018, Presidentes del Grupo de Lima acompañados por el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, y el secretario general de la OEA, Luis Almagro. | Foto: Perú21.
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