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NOPALES Y HORTENSIAS

Carla Martínez*

Viernes 8 de marzo de 2019

 

Por un 8 de marzo de luto, de lucha, de recuerdos y de fuerza.

 

Soy mujer. Pero no siempre me he sentido muy femenina.

Ahora sé por qué soy mujer. No porque me ponga tacones y me ponga “bonita”. Nunca lo he sido ni lo seré. Pero mi cuerpo es uno de mujer. Es un cuerpo femenino, con un útero y unos ovarios. Con hormonas femeninas, con un corazón femenino y un funcionamiento que viene de sus cromosomas XX.

Eso no me define como persona.

Pero a la vez, define cómo funciona mi cuerpo, mis ciclos hormonales y ello claramente incide en la forma en cómo veo el mundo y me defino a mí misma.

Entonces, soy mujer. Sin cejas perfectas ni maquillaje de 10 puntos. Sin noción alguna de cómo hacer muchas cosas que socialmente nos dicen que son “de mujer”.

Pero siento mi cuerpo. Está sano. Lo quiero.

Me ha llevado y traído por distintas partes del mundo por ya casi 40 años y hemos hecho muchas cosas juntos.

Hemos descubierto que porque juntos, mi cuerpo y yo, hacemos una mujer, hay cosas que se complican mucho en la vida.

Se complicaba andar sola en las calles de la ciudad de México o de Buenos Aires, cuando éramos jóvenes mi cuerpo y yo. Y los ojos de los hombres te ven. Y muchas bocas te dicen cosas. Y te sientes amenazada e insegura. Nos cuidamos como pudimos, mi cuerpo y yo.

Se complica la atención a la salud. Porque hay muchas cosas de cómo funciona este cuerpo de mujer que los médicos todavía no entienden. No entienden que la regla es un proceso natural y que no debería doler. Te enseñan a creer que ser mujer “debe” doler, y pues te aguantas. Por años y años. Te peleas con tu propio cuerpo en lugar de quererlo y aceptarlo. Es un proceso muy difícil y largo.

Se complica encontrar trabajo. A mí me despidieron por estar embarazada. A mí me ha costado trabajar y conciliar mi vida como mamá.

A mí me costó terminar una relación que era increíblemente dañina para mí.

Y todavía, 10 años después, esa herida me sigue ardiendo y me hace mal.

Esta vida que hemos llevado mi cuerpo de mujer y yo no ha sido fácil.

Pero es la que tenemos. Y 40 años después hemos aprendido a estar contentos, mi cuerpo y yo. Pero no por eso dejo de reconocer que ha sido un camino lleno de púas escondidas por todos lados. Y que muchas otras mujeres, se quedan atoradas en esas púas y no salen más. Se mueren. Nos morimos. Por una atención médica tardía, equivocada y mal planeada. Por violencia en casa, de parte de padres, esposos, parejas. En la calle.

Allá en México, en mi país, el riesgo para las mujeres es tan grande que ahora me siento más segura como mujer acá del otro lado del mundo. Y no porque esté 100% segura, pero al menos las calles de este país no son cementerios de mujeres.

Hay otras complicaciones derivadas del hecho de ser mujer. Acá en Francia, las mujeres tienen más derechos pero hay una exigencia enorme por ser “linda”, por ser “exitosa”. Y al mismo tiempo ser femenina, mamá, cariñosa y simpática.

La verdad, yo ni soy “exitosa” ni simpática.

Pero soy mujer.

Y quiero que todas las que nacen mujeres tengan derecho a una vida normal. Que ya es suficientemente complicado el hecho de vivir en este mundo como para contar con tantos obstáculos extras como los que tenemos las mujeres.


* Carla Martínez, además de contar historias como migrante internacional desde la Bretaña francesa, ha sido ghost writer durante años y actualmente redactora de contenido para una empresa española.

Imagen de portada: Verne Ho (@verneho) / Unsplash.






Luis López




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