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Madres cumplen 2 meses en espera de justicia en Ayotzinapa

Sociedad País / Top News / 27/11/2014

Angélica Jocelyn Soto Espinosa, enviada / Cimacnoticias* / Redacción

Tixtla, Gro. / 26 de noviembre de 2014

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“Atrincheradas” en la Normal Rural, las madres se organizan y resisten.

Tras saber la noticia de la desaparición de sus hijos, el primer impulso de las madres de los 43 estudiantes agredidos el pasado 26 de septiembre en Iguala, Guerrero, fue ir a la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” para informarse sobre los hechos; desde entonces (hace dos meses) ahí viven.

Justo este día que se cumplen dos meses de la desaparición, la televisora France 24 reveló que 31 estudiantes de Cocula –un municipio cercano a Iguala– fueron secuestrados el 17 de julio pasado, según el testimonio de la madre de una joven que estaba en ese grupo.

De acuerdo con el video publicado este miércoles 26 de noviembre por la televisora francesa, el hecho ocurrió a plena luz del día en una escuela ubicada en la plaza principal del municipio, cuando un grupo de hombres armados y encapuchados –a bordo de automóviles de la policía municipal– se llevaron a los jóvenes.

Rosa, la madre de una de las estudiantes secuestradas, dijo a France 24 que los habitantes de Cocula no habían denunciado el hecho por miedo, ya que fueron amenazados por las personas que secuestraron a los estudiantes.

Animal Político buscó a autoridades de la Procuraduría de Justicia de Guerrero para comprobar este reporte, pero dijeron que no han recibido denuncias sobre esta desapariciones. Asimismo, no hay registro del caso en el Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas .

 “Cuna de la conciencia social”

La Normal Rural de Ayotzinapa está a 30 minutos de Chilpancingo –capital del estado– viajando en carretera, pero en algunos casos queda hasta cinco horas de distancia de la casa de los estudiantes. Su entrada de metal y piedra anuncia que esa escuela es “cuna de la conciencia social”.

Al interior, caminos empedrados, de concreto y pasto, con explanadas amplias y sonido de aves, conducen hacia los dormitorios, salones de clases, el comedor y una cancha de basquetbol. En estas deterioradas instalaciones pasan las horas las madres y familiares de los estudiantes desaparecidos.

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Cada una de ellas, de las madres de Ayotzinapa, cargan el retrato de su hijo y no lo sueltan.

En charla con Cimacnoticias, las madres dijeron que algunas de ellas se enteraron de la agresión contra los estudiantes hasta un día después, el sábado 27 de septiembre; pero otras –las que viven en las comunidades más lejanas de La Montaña guerrerense– tardaron hasta tres días para conocer los hechos de violencia.

Quienes les avisaron fueron los compañeros de sus hijos, o lo supieron por las noticias y, en al menos dos casos, las maestras rurales que están en contacto con el comité estudiantil de la Normal “Raúl Isidro Burgos” fueron directamente a los hogares para avisar a las madres que los jóvenes –que se dirigían a “botear” para reunir recursos– habían sido detenidos por policías municipales de Iguala.

Algunos de los normalistas lograron huir, uno estaba herido, otros tres habían sido asesinados y, sin saber cifras exactas, sólo se dijo entonces que decenas estaban desaparecidos.

La noticia era aterradora. La madre de Martín Getsemany Sánchez García, uno de los estudiantes desaparecidos (quien pidió reservar su nombre por razones de seguridad), relató que al llegar a la escuela empezó a mirar a los estudiantes presentes con la esperanza de que alguno de ellos fuera su hijo.

Como las otras madres, tras no encontrarlo, empezó a cuestionar a los alumnos: “¿Dónde está Martín? ¿Dónde está mi hijo?”.

El comité estudiantil informó a las familias que eran comunes las detenciones de normalistas cada vez que iban a “botear”, por lo que esperaban que al término del fin de semana quedaran en libertad.

Al cumplirse el plazo, llegaron algunos de los estudiantes que lograron escapar de la agresión y que estaban escondidos por miedo a represalias. Dijeron a las madres y padres de los normalistas que los desaparecidos eran 43 y que el ataque habría sido brutal.

La incertidumbre sobre el paradero de sus hijos se instaló desde entonces en la vida de cada madre; por eso se quedaron a vivir en la Normal de Ayotzinapa.

Al paso de los días –hoy se cumplieron 60– juntas esperaron dos semanas para que la Procuraduría General de la República (PGR) decidiera tomar el caso porque, hasta entonces, lo consideró un problema local.

También juntas, se enteraron después del hallazgo de fosas clandestina con cientos de cadáveres que podrían ser los de sus hijos.

Tuvo que pasar casi un mes para que el 23 de octubre la PGR señalara la supuesta responsabilidad del alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y de su esposa, María de los Ángeles Pineda, en la desaparición de los estudiantes.

Y hasta el pasado 4 de noviembre tuvieron noticias de la posterior aprehensión de estos presuntos autores intelectuales que, hasta ahora, no ha derivado en sentencia por la desaparición de los normalistas.

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La justicia como la tortuga es lenta, pero los familiares esperan.

La noche del 7 de noviembre, cuando Jesús Murillo Karam, titular de la PGR, informó a las familias que los restos de los estudiantes habrían sido calcinados en un basurero local de Colula, camino a Iguala, y luego arrojados en el río San Juan, las madres (impulsadas por la intuición, como ellas dicen) volvieron a la Normal a esperar una verdad más certera.

Con el tiempo, las madres desmintieron cada supuesto hallazgo de Murillo Karam porque con la furia en la sangre y el dolor en los ojos cuestionaron a los habitantes de Iguala, quienes les dijeron que llovió toda la madrugada del 27 de septiembre, y porque fueron hasta el basurero local a buscar a sus hijos y no encontraron nada.

Antes de cumplir el día 50, algunas madres se fueron en caravanas para recorrer varias entidades del norte y sur del país en la Brigada Nacional por la aparición con vida de los estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos.

Otras se quedaron en la Normal para hacer guardia (esperar noticias de sus hijos, proteger la escuela y mantenerse organizadas).

La resistencia

La cancha de basquetbol en la que permanecen las madres es una explanada amplia entre las regaderas y salones, que antes usaron sus hijos.

Los tubos rojos, la canasta  y las marcas en el piso hacen notar que es un espacio para hacer deporte, pero los costales de comida, las veladoras, las pancartas –como una del centro de la cancha que dice “Digna Rabia”–, y las fotos a color del apoyo internacional para las familias, convierten esa cancha en una trinchera, un campo de resistencia.

Las madres caminan, barren, hablan o acomodan las despensas. Se identifican entre el resto de los familiares porque sus pupilas están rodeadas de un velo amarillento que les deja la mirada cansada, y por un aliento amargo como el de tener hambre siempre.

Sin excepción, todas cargan el retrato de su hijo impreso en una lona de medio metro. Si se sientan lo sostienen en sus brazos o sobre sus piernas, pero no lo sueltan.

“Desde entonces estamos aquí, no nos hemos ido”, dijo Natalia de la Cruz, madre de Emiliano Alen de la Cruz, al salir de una reunión con estudiantes y las demás madres al mediodía. “El gobierno no nos quiere devolver a nuestros hijos; nos dicen puras mentiras y ellos los tienen”, expresó angustiada y ansiosa.

Ella, de origen indígena y campesino, sube las escaleras con sus huaraches de piel rasgados, cargando su bolsa de asa, y pasa por un mural (pintado años atrás) con la leyenda: “La educación y el amor a nuestra cultura e identidad nos llevarán a la libertad”. Natalia se sienta en el comedor con las otras mamás y come en silencio.

“Acá hablamos de nuestros hijos, de cómo son, qué les gusta y por qué decidieron estudiar. Eso nos da mucha fuerza”, confió Martina Olivares, quien tuvo que pasar varios días en cama porque la noticia de la desaparición de su hijo la enfermó, pero en cuanto se repuso regresó a la Normal.

Las imágenes que ahora rodean y cobijan a las madres son murales con consignas de protesta (algunas escritas incluso antes de la desaparición de los normalistas).

La pinta de una tortuga, que hasta entonces era símbolo de Ayotzinapa (por su significado en náhuatl), ahora también representa la lucha de quienes habitan la Normal y aseguran que la justicia, como la tortuga, “es lenta pero implacable”.

Las madres regresan a sus casas sólo para recoger más ropa o más fuerzas, y vuelven a la Normal. Duermen donde durmieron sus hijos y comen al cobijo de los normalistas (los compañeros de sus hijos) que están vivos y que también los buscan.

Las madres de los 43 estudiantes que hoy cumplen dos meses desaparecidos son muy distintas entre sí, algunas se resisten a compartir sus sentimientos, otras  hablan con más soltura y fortaleza. Unas hablan en los mítines y otras administran desde la Normal los recursos de la lucha.

Pese a las diferentes personalidades e historias que conforman su vida y que hoy confluyen con la desaparición de sus hijos, todas participan activamente para buscar a los estudiantes, y si en algo coinciden es en la esperanza (lo que ni el gobierno les ha quitado) de que ellos sigan vivos.

Nuevas protestas

Y justo en el día 60 de la desaparición de los jóvenes, maestros y normalistas protagonizaron nuevas protestas en Chilpancingo, capital de Guerrero.

Animal Político reporta que alrededor de 300 personas utilizaron un tráiler y dos autobuses para bloquear los cuatro carriles de la autopista a la altura del Parador Marqués y un bloqueo de la carretera federal que conduce a Acapulco y a otros municipios aledaños.  Tomaron instalaciones educativas y radioemisoras de la capital guerrerense.

Miembros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero ocuparon las oficinas de Carrera Magisterial y también requisaron vehículos del Instituto Electoral y Participación Ciudadana.

Las protestas son en reclamo por la presentación con vida de los 43 normalistas rurales de Ayotzinapa, desaparecidos en la noche del 26 al 27 de septiembre pasados en el municipio de Iguala.

Tales acciones ocurren pese a que la Policía Federal reforzó hoy su presencia en Chilpancingo con medio millar de efectivos y dos tanquetas antimotines, en previsión de desórdenes en la ciudad por el caso Iguala.

Suspenden reunión de padres

Padres de familia de los 43 estudiantes desaparecidos, alumnos de la Normal de Ayotzinapa, y abogados del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, suspendieron la reunión que sostendrían con la Comisión Mixta de Información a la que asistiría, además del subsecretario de Gobernación, Luis Enrique Miranda, el titular de la Comisión Nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido García, entre otros funcionarios del gobierno federal, de acuerdo a información de La Jornada.

Al respecto, entrevistado durante el bloqueo a la Autopista del Sol, el vocero de los padres de familia de los 43 estudiantes, Felipe Flores, argumentó que acordaron no participar en la reunión porque “el gobierno federal sigue pensando que los padres somos tontos, que no entendemos la estrategia que están utilizando hoy, por eso ya no le dan seriedad a las reuniones que nosotros le exigimos al presidente(Enrique Peña Nieto), en función de que la Comisión Mixta, debe estar conformada por Luis Enrique Miranda, Alejandro Rubido, por el representante de la Policía Federal, y por Tomás Zerón, que es encargado de la investigación”.

Recordó que en la reunión pasada aceptaron dialogar con los representantes del gobierno federal “pero ahora no, porque les pedimos que viniera la comisión que se había acordado, Nos hablaron ayer, y les dijimos que si no venían los comisionados acordados no habrían reunión, porque los que vienen no tenían capacidad para dar respuesta a lo que queremos”.

 

*Agencia de noticias multimedia especializada en periodismo con Perspectiva de Género

 

 






Luis López




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