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Maldito ignorante del ¿feminismo?

Diálogo Estado / Top News / 02/05/2016

SOMOSMASS99

 

Íñigo Álvarez Ibargüengoitia*

Lunes 2 de mayo de 2016

 

Hace poco, en León, Guanajuato, asistí a una marcha catalogada como feminista. Quise participar debido a que varios indicadores apuntan al estado de Guanajuato como uno de los primeros en crímenes violentos contra las mujeres, dicho por el Observatorio Ciudadano de León [1]. Y como gesto solidario acudí para dar a entender que, al menos como parte del género masculino, considera y desea una armonía y equidad en la sociedad desde diversos ángulos, independientemente del género al que hubiese pertenecido por los azares del nacimiento humano.

Descubrí hace poco la ignorancia y prejuicio que tenía hacia el término feminismo, si bien es cierto que no es un tema muy mío, que posiblemente o seguramente por mi circunstancia de hombre no he profundizado en ello. Me puse a reflexionar unos segundos por qué ese término no me agradaba, ya que desde mi óptica personal me decía: pues si se lucha por la igualdad o equidad, siempre el tema de debate son esas palabras y en esas conversaciones. Y en mi fuero interno me volvía a decir: pues, ¡caray! ¿Por qué feminismo y no Igualitarismo o “Equidadismo”? Pero en esa reflexión hice una pausa y revisé un poco el contexto histórico del feminismo, me visualicé como si fuera mujer, luego me imaginé que como hombre fuera oprimido física o psicológicamente en una sociedad dominada por mujeres, y luego entonces, tragué saliva y me dije: pues sí, es cierto, si yo estuviera en un contexto social de opresión psicológica o física de parte de la mujer, posiblemente me uniría al masculinismo y criticaría al hembrismo dominante y opresor hacia los hombres. Con esa loca reflexión fue suficiente para darme cuenta de que no estaba mal el término “Feminismo”.

En alguna ocasión recuerdo que algunas mujeres que conozco y que estaban más empapadas del tema me decían que yo naturalmente era feminista. Creo que les respondía intuitivamente que eso me parecía extraño, que solamente expresaba mi opinión de que todos deberíamos aportar a la construcción de una sociedad en la que nos podamos ver como iguales en potencia, que buscásemos una convivencia tranquila de todas las partes y que pudiésemos compensar las carencias de unos para facilitar que se pudiese salir adelante. Al declarar esto, como no tenía una perspectiva de género clara, ya que reconozco, no estoy empujando directamente la balanza desde algún ángulo de género consiente, para mí el término de feminista no embonaría tal vez tanto, porque como, aclaro, soy un ignorante del tema en profundidad.

Ahora bien, hace poco asistí a una conferencia taller llamada Igualdad Sustantiva y Efectiva de Género: Enfoque Ético-Evolutivo, impartida por el licenciado Ignacio Ovalle Fernández (ex embajador de México en Cuba y Argentina) en León, Guanajuato, que de alguna manera sirvió para la sensibilización personal respecto a esta loable y admirable lucha que están haciendo muchas mujeres en el mundo. Creo que una de las confusiones vertebrales que tenía respecto del tema fue la cuestión o término de género. Al inicio de la conferencia, al aclarar el ponente la distinción entre género y sexo, se me abrió el panorama con un poco de más claridad, me di cuenta que pasaba constantemente en mi cabeza una concepción torcida al confundir género con sexo, es decir, para mí era normal decir género masculino, sexo masculino o género femenino, sexo femenino. Cuando Ignacio Ovalle aclara a profundidad que el género se refiere a un constructo sociocultural y sexo a una clasificación biológica, sentí un escalofrío en la espalda, pues la raíz de la inequidad de toda esta guerra de sexos por decirlo figurativamente, tiene que ver con nuestra organización social y cultural, heredada desde tiempos remotos, con infinidad de historias organizacionales y culturales de toda la humanidad; que si el matriarcado, que si el patriarcado, que si ciertas sociedades celtas eran más igualitarias en los roles que si ciertas sociedades procuran mejor la equidad que otras, etc. etc. Y un largo etcétera.

¡Una disculpa por mi ignorancia! No a los feminicidios, y no a los masculinicidios, y no a los asesinatos de ninguna persona del planeta. Que el diálogo y el debate de las ideas imperen y no los golpes, piedras y armas.

[1] Ni una más: el feminicidio en Guanajuato OBSERVATORIO CIUDADANO DE LEÓN http://www.sdpnoticias.com/nacional/2015/08/08/ni-una-mas-el-feminicidio-en-guanajuato, 28- marzo2016

* Íñigo Álvarez Ibargüengoitia ha sido miembro del movimiento YoSoy132 de León






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2 Comentarios

el 11/05/2016

¡Felicidades, Íñigo, qué gusto leérte!

    el 13/05/2016

    Saludos Teresa, Gracias.



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