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Miguel Ángel Granados Chapa: un recuerdo agradecido

Para Ver, Oír y Comer / Top News / 16/10/2014

Raúl Muñiz Torres / SomosMass99

León, Gto. / 15 de octubre de 2014

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El fundador de medios como La Jornada, Proceso o Unomásuno, entre muchos de sus atributos tuvo el de ser un gran conversador.

Decir, escribir que Miguel Ángel Granados Chapa fue uno de los más grandes periodistas de finales del siglo pasado y principios de la centuria que nos encuentra ya en 2014, no es novedad. Mucho se ha expresado de él sobre sus 40 años de periodista, sobre sus poco más de 30 años escribiendo su Plaza Pública en diversos medios, sobre sus 17 años al frente del programa del mismo nombre en Radio UNAM y su paso por diversos medios escritos y electrónicos.

Sin desligarlo de su oficio periodístico, quien esto escribe quiere recordarlo a tres años de su muerte, como el extraordinario ser humano que fue, la persona que más allá de su capacidad profesional; se mostró siempre como una persona preocupada, ocupada y empática con el bienestar de la gente que lo rodeó: familia, amigos, amigas y las personas que tuvimos el privilegio de trabajar a su lado.

Granados Chapa fue un periodista que trabajó largas jornadas durante sus 40 años de periodista, era, por lo mismo, un hombre con el que concertar una cita se volvía una hazaña, un logro que no se debía desaprovechar y sin embargo, la paciencia guardaría una recompensa grande.

En lo personal, me llevó más de un año lograr platicar con él y pedirle que me diera la oportunidad de trabajar a su lado. Granados no me conocía, salvo por las innumerables cartas y algunos curriculums vitae que le envié a lo largo de muchos meses antes de que, a las puertas de Radio UNAM, me parara frente a él y le dijera: “quiero trabajar con usted”.

Me citó ese mismo día en su oficina, me recibió, charlé con él, me ofreció un sueldo de absoluta dignidad y apenas al día siguiente, ya recibía sus primeras órdenes de información. Era el mes de marzo de 1998.

Miguel Ángel Granados Chapa fue también plenamente humano con quien trabajaba a su lado, nunca, con su breve personal, le observé señal alguna de prepotencia, pedía las cosas siempre con un “por favor” por delante y en los errores cometidos, recomendaba a sus colaboradores más atención en lo realizado pero no dejaba nunca de expresarlo con la mayor amabilidad posible.

Para el fundador de medios como La Jornada, Proceso o Unomásuno, la buena charla fue uno de sus atributos más notables, detrás del rostro adusto del periodista nacido en Hidalgo, se encontraba un hombre afable y de una inteligencia y cultura amplia que deleitaba a quien lo escuchaba.

Guadalupe Irizar, periodista del diario Reforma y coordinadora de información de la Plaza Pública en Radio UNAM y yo, fuimos en muchas ocasiones agradecidos escuchas de las charlas de Granados Chapa en el Sanborn´s ubicado en las calles de Adolfo Prieto y Xola en la colonia del Valle de la Ciudad de México.

De cuando en cuando, al salir del programa; Granados, Irizar y yo nos dirigíamos a desayunar para platicar, planear, celebrar, disfrutar el momento antes de encaminarnos cada quien a sus respectivas labores.

La capacidad de empatía del periodista también la viví a plenitud: cuando algún día tuve la oportunidad de viajar a la lejana Rusia y necesitaba tiempo para hacerlo, Granados Chapa me dijo: “váyase, viajar le cambiará la perspectiva del mundo”; cuando algún día enfermé y no pude asistir al trabajo durante una semana, el maestro Granados me dijo por teléfono: “si tiene que ser operado, no se preocupe por los gastos”.

Cuando algún día tuve un dilema personal y profesional en puerta, busqué su consejo y sin duda me dijo: “nunca dude en optar siempre por su vida personal”.

Cuando el día en que mi abuela materna murió y mi madre necesitaba de mi presencia a su lado, me expresó: “no se preocupe, vaya con ella y aunque no tengo el honor de conocerla, dele mis saludos”.

Cuando vi terminado su libro, “Constancia hidalguense”, obra en la que Granados Chapa me confió la recopilación de todas sus Plazas Públicas que se refirieran a Hidalgo, su estado natal, en la dedicatoria que me hizo en uno de los ejemplares, me escribió: “Miguel Ángel Granados Chapa dedica esta Constancia Hidalguense a Raúl Muñiz, compañero de oficio, y le agradece su paciencia larga y su eficaz colaboración”.

Huelga decir que guardo ese ejemplar y esa dedicatoria como uno de los tesoros más apreciados de mi memoria.

Con el tiempo, regresé a León. Era 2004 y de ese año en adelante, pude ver al maestro al menos un par de veces antes del final.

 

Dignidad ante la muerte

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Al cumplirse tres años de la partida del periodista Miguel Ángel Granados Chapa, se le recuerda como el extraordinario ser humano que fue.

Meses antes de que Miguel Ángel Granados Chapa muriera, supe que el cáncer había afectado seriamente su existencia. La última vez que lo vi, si la memoria no me juega una mala pasada, fue en 2010, lo visité en Radio UNAM, lo saludé, me dio un abrazo fraterno y me felicitó por mi entonces, reciente paternidad. Nos despedimos a las puertas de la radiodifusora. No volví a verlo.

La noche del domingo 16 de octubre de 2011, me enteré de su muerte y la desolación se instaló en mi ánimo: una de mis más grandes influencias personales y periodísticas se había ido para siempre.

Días después de su partida, leí un texto que escribió para La Jornada el doctor Arnoldo Kraus, amigo de Granados y en él, Kraus resaltaba la absoluta dignidad que el maestro tuvo ante la inminencia de la muerte. Relataba el médico un encuentro con Granados Chapa y recordaba unas palabras del periodista:

“Cada día empeora mi condición. Aunque la muerte nunca ha sido una preocupación para mí, entiendo que mi vida toca su final. No deseo ser carga para nadie ni contagiar mis pesares a mis seres queridos. Todo me cuesta trabajo, lo antes sencillo ahora es complicado”.

Kraus mostraba la lucidez y la prestancia de Granados ante su final:

“Las enfermedades terminales son un reto único y brutal. Aglutinan la dignidad de la vida y la dignidad ante la muerte. Hay quienes logran vencer la humillación de las enfermedades terminales. Hay quienes consiguen dialogar con su muerte. Quienes escapan de las humillaciones de la enfermedad, y dialogan con su final a través de la historia de su existencia rinden un homenaje a la vida. Eso hizo Granado Chapa”.

Hoy, a tres años de su partida, no me queda más que rendirle un homenaje profunda y eternamente agradecido a un ser humano a plenitud, que vía el periodismo, ayudó e entender mejor a este sufrido país, que a través de su innegable humanidad, nos dejó una lección de dignidad y que en esa medida, todos los que lo conocimos, hemos de sentirnos privilegiados por haber recibido su apoyo, su particular atención que a todos nos hizo ser también, mejores personas.

Gracias, Maestro Miguel Ángel Granados Chapa.

[email protected]






Luis López




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