Y los normalistas, ausentes
Agustín Galo Samario
En estas horas difíciles para los mexicanos por la violencia, corrupción e impunidad que invaden al país, bien vale recordar, en el tercer aniversario de su fallecimiento, algunas palabras con las que el periodista Miguel Ángel Granados Chapa ya advertía la difícil situación en que se encontraba el estado de Guerrero con Ángel Aguirre Rivero como mandatario estatal.
El 10 de octubre de 2011, seis días antes de despedirse, el maestro escribía en su Plaza Pública: “El gobernador de Guerrero prefiere los placeres de la buena mesa a las responsabilidades de su tarea como Ejecutivo estatal. No obstante que su estado hierve por la violencia que nadie contiene. El jueves eligió otro hervor, el del pozole, que compartió con algunos de sus paisanos y afines radicados en el DF. Hizo, al mismo tiempo, una declaración de filosofía política: ‘En Guerrero decimos que la política nos desune, pero el mezcal y el pozole nos unen’ ”. Mientras, escribió líneas después, “cuatro miembros del gabinete federal: los secretarios de Gobernación, el de la Defensa y el de Marina, Francisco Blake, Guillermo Galván y Francisco Saynez, así como la procuradora general, Marisela Morales, esperaban al impuntual gobernador para anunciar el comienzo de la Operación Coordinada Guerrero Seguro”.
Poco caso se hizo a las palabras del columnista más importante de México de finales del siglo XX y principios del XXI. Hoy podemos ver las consecuencias. Anteayer, en un noticiero de radio de la capital del país, comentó el gobernador: “Me han dicho borracho, tiene ya varios meses que no me tomo ni una sola copa”. Esas eran parte de sus preocupaciones, aunque también se dijo dolido por la desaparición de los normalistas. Aún así, la clase política parece resistirse a que Ángel Aguirre Rivero se vaya. Tímidamente, el presidente nacional del PRD, Carlos Navarrete, dijo el martes que propio mandatario debe decidir si se queda en el cargo o no. Y este miércoles, el presidente del PRI, César Camacho Quiroz, se pronunció por su permanencia en la gubernatura porque hay muchos asuntos pendientes y debe cumplir con su obligación jurídica y ética política. Sin embargo, la coincidencia entre ambos dirigentes partidistas es que la salida de Aguirre Rivero no resolverá ningún problema.
Y los normalistas siguen desaparecidos. Y cada vez se descubren más fosas clandestinas con más y más cadáveres. Nadie sabe de quién son esos cuerpos, pero lo que sí desvelan es que la Operación Coordinada Guerrero Seguro del sexenio de Felipe Calderón no funcionó. Y tampoco, las acciones que se supone se emprendieron para controlar la criminalidad en lo que va del 2012 a la fecha. Al contrario, la violencia se desbordó y así como ha puesto en jaque la gobernabilidad en esa entidad, ha generado la indignación a todo lo largo y ancho del país. Los maestros de Guerrero, Oaxaca y Michoacán han salido a las calles: Estudiantes de las más importantes universidades públicas y privadas también han suspendido labores para protestar.
La crisis desbordada en Guerrero se extiende a otras entidades en forma de preocupación por la suerte de los normalistas y de manifestaciones de inconformidad contra los gobiernos. Mientras, los partidos vuelven a tomar el papel alejado de la sociedad que eligieron desde hace tiempo. Al menos así parece ser en el caso del PRD, algunos de cuyos militantes advierten que el golpazo que han recibido Los Chuchos por defender a Aguirre Rivero se transformará en resultados electorales nada agradables en el 2015. La ley, la cordura y el compromiso por México atraviesan por un mal momento.
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