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¿Prohibir a los hijos?

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Presentación / Top News / 16/10/2014

©Gaudencio Rodríguez Juárez

Psicólogo / [email protected]

 

En mi colaboración anterior sugerí que, ante el monto de violencia masculina existente en nuestra época y tomando como base los estudios de las investigaciones en el tema, un consejo que no debería faltar para las hijas adolescentes que comienzan sus primeros noviazgos es el siguiente:

“Si tu novio hace una de las siguientes cosas aunque sea una sola vez, no dudes, ¡déjalo!, ¡déjalo ya!, no le des la otra oportunidad que te pide; puedes dársela ante otras actitudes o conductas, pero no en estos casos: cuando te pega, critica, desprecia, insulta, se burla, ríe y duda de ti; cuando es sarcástico y escéptico contigo; cuando evade o se mantiene a la defensiva ante los conflictos”.

Estadísticamente hablando, la violencia en el noviazgo tiene rostro masculino. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Violencia en las Relaciones de Noviazgo 2007, el 15,5 por ciento de los y las jóvenes encuestados/as de entre 15 y 24 años han experimentado alguna vez violencia física durante el noviazgo, siendo las mujeres las que la reciben en mayor proporción (61.4 por ciento); con relación a la violencia psicológica, 3 de cada 4 han sufrido al menos un incidente en la modalidad de ser controlados y subestimado por sus parejas; y en esta modalidad también son los varones quienes la ejercen con mayor frecuencia.

Bajo este escenario ¿qué toca decirle o aconsejarle a los hijos adolescentes ante sus primeras relaciones de noviazgo? A botepronto: “respeta a tu pareja, controla tu ira y resuelve las diferencias hablando, de lo contrario estarás cometiendo violencia e iniciando una relación que va directo al fracaso”.

Debemos reconocer que la tendencia social ante la prevención de la violencia sigue siendo la de poner énfasis en que la mujer se defienda, se oponga, se salga de la situación, denuncie, rompan el silencio, es decir, se responsabilice de su seguridad… Lo cual no está mal pero sí limitado y en ocasiones imposible.

Nos debe llamar la atención la ausencia de sugerencias, consejos, llamados, acciones y campañas que pongan la responsabilidad en quien la ejerce con mayor frecuencia e intensidad, es decir, en los hombres, porque esta tendencia termina por minimizar o invisibilizar el problema.

El “prohibido prohibir” llevado al extremo es riesgoso. Las personas no hemos de hacer todo lo que se nos apetezca en las relaciones humanas sino aquello que promueva la convivencia y armonía en los grupos, y para ello existen normas, acuerdos, códigos, leyes. Las cuales necesitamos cumplir.

Un joven que agrede a su pareja no sólo lastima un cuerpo ajeno y atenta contra la dignidad de otra persona, sino que en ese acto también está rompiendo el acuerdo social de convivencia y cometiendo delito. Entonces alguien debe frenarlo. Y siendo menor de edad, ese “alguien” son sus padres/madres o tutores/as, o en su ausencia, las autoridades públicas.

Somos los padres/madres los responsables de estimular las habilidades sociales en los hijos. Lo cual implica, entre otras cosas, ayudarles a manejar funcionalmente sus impulsos, su agresividad (para que no se torne en violencia), su sexualidad, sus sentimientos, emociones y pensamientos, al mismo tiempo que transmitimos las normas y códigos de relación del colectivo, marcando las prohibiciones y los límites en las relaciones humanas.

Sí, a los hijos desde edad muy temprana debemos prohibirles pegar, criticar, despreciar, insultar, burlarse y reírse de las personas. Lo digo con énfasis porque aún hoy vemos cómo los niños pueden agredir a otro niño o niña o un joven a su novia y nadie hace nada, ni los papás/mamás ni los testigos.

Pero ojo, la consigna de no agredir a la pareja no se ha de enseñar con palabras, sino con conductas, con el ejemplo. Esto significa que para que un hijo pueda respetar a su pareja el día de mañana primero debe ser respetado durante su infancia. Es decir, la condición para que ellos no le peguen —física, psicológica o sexualmente— a su novia es no haberles pegado durante su proceso de crianza. “Cero golpes”, pues.

Finalmente, no olvidemos que para que nuestro hijo logre establecer relaciones de noviazgo funcionales, positivas, humanas, respetuosas, no violentas, necesita contar con unos padres capaces de tal cosa. Somos su principal ejemplo.






Luis López




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