SOMOSMASS99
Roberto Gómez Palacios / SomosMass99
Guanajuato, Gto. / Lunes 23 de mayo de 2016
Los sentidos son privilegio del ser humano, lo han acompañado desde el origen. A través del tiempo lo han ayudado a sobrevivir y disfrutar. La relación entre la vista y el oído se confunde y nos confunde, a veces cuando queremos oír algo con atención cerramos los ojos. Otras, a veces también, cuando algo llama poderosamente la atención de nuestra vista pedimos silencio.
Las virtudes que tienen los ojos son prácticamente innumerables, se pueden evaluar un poco a partir de lo útil, lo práctico, sólo volteando a nuestro alrededor. Las propiedades del “paisaje sonoro” (soundscape) son muy diferentes del “paisaje espacial” o “visual”. Veamos el número de personas que nos han ayudado a definir el sentido del paisaje visual: los geólogos han estudiado su estructura, los geógrafos su formación superficial, los poetas y los pintores lo han descrito, los ingenieros y los jardineros le han dado forma, y los arquitectos y los urbanistas lo han embellecido.
El mundo occidental, europeos y norteamericanos afirman que el ojo es el receptor más importante de información, compilador y ordenador de los datos del entorno. Organismo indispensable para la comunicación. Las antiguas civilizaciones ponían los ojos en los objetos que ellos consideraban útiles o hermosos antes de armar sus colecciones, casi siempre al principio lo consideraban con fines rituales y funerarios. Al inicio su espíritu coleccionista, su afán fetichista, se originó en las guerras, en las invasiones, en los saqueos que llevaban a cabo después de ganar una batalla; en ese momento del triunfo no sólo se dejaban atraer por las mujeres de los enemigos sino que se daban tiempo para apreciar los objetos bellos o que pudieran servirles. Los egipcios son solamente un ejemplo, los trofeos bélicos que obtenían frutos de las invasiones y saqueos en que participaban los exhibían al público. Nabucodonosor exponía sus trofeos de guerra en su palacio, que le llamaban “gabinete de maravillas de la humanidad”. Este hecho lo convierte en precursor de los museos, ya que las exhibía para todas las personas, de suerte que tenían el carácter de exposiciones populares.
Todos los seres humanos que contamos con el privilegio de la vista nos sentimos o nos hemos sentido por lo menos ocasionalmente atraídos por las cosas que solemos considerar bellas, hermosas, útiles o mínimamente interesantes. Si no es lo mismo, ni de la misma manera, las civilizaciones han tratado de satisfacer esa necesidad y placer de los objetos. Los griegos usaban la palabra mouseion refiriéndose a la “casa de las musas”, lugar donde reunían los objetos artísticos. Esta palabra griega, mouseion, dio origen a la latina museum, de la cual se derivó la muy familiar para nosotros: museo.
Cuando una persona entra en estado contemplativo, puede volverse sorda, no oye, no escucha. Se dedica a observar, a ver, avistar, atender, a reflexionar, a pensar, a sentir el objeto que tiene delante de sus ojos. Sea de una forma u otra, es el encuentro con la “obra de arte”. Podemos aprender de nuestros antepasados: cualquiera que tenga enfrente un objeto digno de su admiración, puede tener la seguridad de que esa experiencia no es aislada ni única.
Los romanos tomaron de los griegos el gusto, el disfrute por el coleccionismo y las obras de arte. Claro que llevaron a cabo durante el imperio lo mismo: saqueos, invasiones, y toda acción que se necesitara para agrandar sus colecciones. Pompeyo, Cicerón y Julio César se enorgullecían de ello.
Es bueno seguir platicando un poco acerca de los museos. La edad media fue una época en que se detuvieron la exhibición y el coleccionismo; los mecenas y los coleccionistas desaparecieron o entraron en un impasse. Las obras de arte se guardaron en los monasterios y en las iglesias, el mundo occidental vivió una larga temporada aparentemente sin museos ni colecciones y consecuentemente sin exposiciones. En todo caso, los museos eran las ciudades mismas. Llegó el Renacimiento y se fundaron los primeros museos en el sentido moderno del término, los mecenas y coleccionistas del Renacimiento eran hombres cultos y preparados, deseosos de mostrar sus conocimientos, humanistas dispuestos a aprender y conocer más del arte de su tiempo.
Sin embargo, los museos tal como han llegado a nosotros provienen del siglo XVIII. No son una concesión amable y gratuita,. Los grandes movimientos sociales, como la Revolución Francesa, lo provocó. El grueso de la gente exigía participar de los bienes de la educación y la cultura, que hasta esos años estaban en poder de los reyes y los burgueses. Los reyes de Francia “cooperaron” con su colección de obras de arte en 1793 para fundar el visitable Museo de Louvre. En 1813 inició el Museo del Prado de Madrid con colecciones de los Austrias y Borbones españoles. El Museo de los Uffizi se había abierto con las riquezas de los Medici antes de la unificación. El Belvedere de Viena alojó las de los Austrias centroeuropeos. En Berlín, el Museo de Arte de la ciudad cobijó los tesoros de los Brandemburgo en 1830. Por deseos del Zar Alejandro I, se exhibió en el Museo Ermitage de San Petersburgo la última de las colecciones de Catalina la Grande de Rusia. En Holanda, ni el Rijksmuseum de Amsterdan ni el Maurishuis tienen origen real. En Inglaterra la maravillosa colección de Carlos I se dispersó en cuanto murió. El British Museum, abierto al público en 1759 , ofrecía al público la colección privada de sir Oliver Sloane. Actualmente hay tal cantidad de museos, como culturas y civilizaciones han existido.
Las ambiciones estéticas de los artistas y de las sociedades, las ideas que se comparten dan como resultado los temas, motivos, objetivos y metas de los museos. Podemos hallar museos dedicados a la antropología, a la arqueología, a las ciencias naturales, al arte moderno y contemporáneo. Cualquier nombre (de Cera, Infantiles, de tortura, de la inquisición, etcétera) que tomen tendrá que ver con la comunicación, la educación y la cultura. La Arquitectura de los museos ha cambiado hoy en día debido a que se han adaptado a las nuevas necesidades, que están determinadas por las funciones que el museo debe desempeñar y que obligan a la construcción de diferentes áreas: salas de exposición permanente, salas de exposiciones temporales; área cultural, auditorio, sala de proyecciones, biblioteca, sala para los servicios educativos; laboratorios y talleres para la restauración y servicios de investigación; oficinas administrativas. El edificio ha de ser de fácil acceso y comprensivo para con quien lo visite. Se debe poder abandonar cómodamente.
El miércoles 18 de mayo se celebró el Día Internacional de los Museos, que instituyó la UNESCO en 1977. En las actividades de este año 2016 para festejar esa fecha han participado alrededor de 150 países y aproximadamente 35 mil instituciones. El tema para esta ocasión fue Museo y Paisajes Culturales. En la Ciudad de México se anunciaron numerosas actividades: inició el 16 y terminó el 22 de mayo con una Noche de Museos Especial. El jefe de Gobierno de la Ciudad, Miguel Mancera, busca que el mes de mayo sea dedicado a los museos cada año. Enrique Peña Nieto inaugurará el jueves 26 el nuevo vestíbulo de acceso al Templo Mayor. En Guanajuato capital, el Museo Regional Alhóndiga de Granaditas fue sede del Encuentro Internacional de Museos: Los Museos y la Diversidad Cultural, que organizaron el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Sociedad de Museos de Québec del 19 al 21 de mayo de 2016.
El sentido de la vista lo podemos “educar”. Tan solo al salir todos los días y observar las cosas a nuestro alrededor, sus formas, sus colores con sus matices y tonos diferentes se vuelven aprehensibles. La arquitectura es diversa, diferente, y también se vuelve accesible. El paisaje urbano caótico y grotesco podemos darle un sentido, no tan sólo mirarle. La vista a través de la atención, la concentración, la contemplación, puede llevarnos a aventuras mágicas todos los días.



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