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Carmen Parejo Rendón / Internacionalista 360°
Viernes 13 de septiembre de 2024
«Tienen la fuerza, nos pueden someter, pero no detienen los procesos sociales ni con la delincuencia… ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hace el pueblo», dijo Salvador Allende hace 51 años en Radio Magallanes. Este discurso sería el último del mandatario chileno. La traición se impuso y tras el derramamiento de sangre de la dictadura, Chile se convirtió en un campo de pruebas para el robo neoliberal.
La nueva extrema derecha, que sólo se diferencia de la habitual en algunos elementos circunstanciales, celebró -y quiero decir celebró- el aniversario del golpe de Estado contra Salvador Allende con un mitin en Buenos Aires.
Durante los pasados 5 y 6 de septiembre, las fuerzas ultraconservadoras que participaron del III Encuentro Regional del Foro Madrid-Río de la Plata 2024 se reunieron en la capital argentina. Fue, en sentido estricto, el florecimiento de una semilla que nació en España. La victoria electoral en Argentina de Javier Milei, firmante del manifiesto inaugural del Foro de Madrid, es, en ese sentido, un éxito colectivo de la estrategia de la extrema derecha.
En 2020, en detrimento del partido político español Vox, nació el Foro de Madrid con la Carta de Madrid, un documento fundacional que pedía la activación de una estructura de alianza permanente entre estos proyectos populistas de extrema derecha y un plan de acción conjunto. La victoria electoral en Argentina de Javier Milei, firmante de este manifiesto inaugural es, en ese sentido, un éxito colectivo de esta estrategia.
La primera reunión regional del Foro de Madrid tuvo lugar en febrero de 2022, en Bogotá, y pretendía servir de freno a la previsible victoria del izquierdista Gustavo Petro en las elecciones colombianas, cuya primera vuelta tuvo lugar en mayo de ese mismo año. Lima fue el lugar elegido para la segunda reunión regional del Foro, en marzo de 2023, tras el golpe de Estado contra Pedro Castillo.
Es cierto que España jugó poco papel durante la implementación del Plan Cóndor, principalmente debido a sus propias debilidades internas: una dictadura en declive y un proceso de transición democrática con muchas controversias. Sin embargo, tras la implementación del Plan Cóndor y el inicio de los gobiernos neoliberales en América Latina, también entraron en América Latina multinacionales españolas como Telefónica, Repsol, Grupo Santander y BBVA, entre otras.
Muchas de estas empresas se vieron impulsadas por los procesos de privatización en España durante los primeros gobiernos tras la dictadura, pero, sobre todo, por el capital acumulado por la corrupción extrema durante el franquismo. Por muy cínicamente que se intente disimular, la realidad es que la división internacional del trabajo y de la producción, y el propio desarrollo histórico reciente, muestran que existe una relación malsana y saqueadora entre España y los países latinoamericanos.
La relación entre España y los países latinoamericanos, nacida de la liberación colonial del imperio español, podría ser muy diferente sin el interés de dominación del gran capital sobre estos territorios hoy y sin el planteamiento nacionalista fascista, que se impuso en España durante la dictadura y sigue vigente, siendo recurrente en los discursos de la extrema derecha, para el cual la nostalgia por el imperio es una de sus piezas mitológicas clave. Así, surge una de las ideas principales de este colectivo, que es la noción de ‘Iberosfera’.
Por mucho que cínicamente se intente disfrazar de encuentro entre pueblos que comparten una lengua, la realidad es que la división internacional del trabajo y de la producción, y el propio desarrollo histórico reciente, demuestran que existe una relación malsana y saqueadora entre España y los países latinoamericanos, que afecta tanto material como ideológicamente.
En la práctica, este tipo de fuerzas-ideas solo significan mantener el saqueo de América Latina, favoreciendo en términos concretos a estas multinacionales españolas. Aunque en la actualidad intentan presentarse como «antisistema», la extrema derecha de la «nueva camada» defiende, al igual que la derecha clásica, los mismos intereses de la oligarquía y del capitalismo internacional.
Recordemos el famoso «¿Por qué no te callas?» del rey Juan Carlos de Borbón a Hugo Chávez, cuando éste trató de denunciar el papel desempeñado por España en el golpe de Estado en Venezuela en 2002. O cómo, en esa misma reunión, el ahora emérito, abandonó la conferencia cuando el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, denunció el papel de las multinacionales españolas en América Latina.
Nunca habrá un enfoque para superar esta relación malsana en ninguno de estos discursos. Por otro lado, es el reflejo de una impostura más de estas corrientes que, aunque en la actualidad intentan presentarse como «antisistema», defienden, como la derecha clásica, los mismos intereses de la oligarquía y del capitalismo internacional.
En el contexto del auge de los gobiernos populares en América Latina, la derecha española trató de inocular sus tentáculos para obtener ingresos en el continente americano con apuestas políticas que facilitarían gobiernos similares, pero también como parte de las estrategias internas de polarización en su política interna. Sobre todo, con fines electorales.
Vox nació en 2014, ante un desgaste natural de la derecha clásica representada por el Partido Popular, que en estos años estaba sepultado en múltiples casos de corrupción. A partir de ese momento, la guerra entre ambas formaciones traspasó fronteras, llegando a América Latina con el fin de consolidar liderazgos en alianza con la derecha latinoamericana.
Sin embargo, el caso de Argentina sirve para ejemplificar otra impostura detrás de este aparente conflicto: la derecha clásica representada por Patricia Bullrich se integró, con sus más y menos, en el gobierno de Javier Milei, y juntos están implementando una política de choque contra los derechos sociales, económicos, civiles y políticos de la población, que favorece un escenario de persecución política y pauperización económica generalizada.
Durante el encuentro en Buenos Aires se presentaron diferentes temas, destacando la exigencia de aumentar la presión contra la República Bolivariana de Venezuela, el apoyo al genocidio israelí en Gaza y la denuncia del ascenso internacional de potencias como China y Rusia, que consideran pone en riesgo sus intereses. Realmente, ¿hay alguna contradicción entre estos enfoques y los que esgrime la derecha clásica en este momento?
Es más, trágicamente, un sector de la izquierda europea y latinoamericana está defendiendo las mismas propuestas que se plantearon en esta ultra cumbre en Buenos Aires, sin parecer ser consciente de lo que eso significa.
Sin embargo, en estos días, a 51 años del golpe de Estado contra Allende, también hemos podido ver cómo Venezuela resiste una nueva embestida contra su soberanía y su pueblo; cómo el continente africano se levantó contra sus opresores; cómo la solidaridad con la causa palestina invadió todos los continentes; cómo el mundo multipolar se fortaleció y el mismo imperialismo que asesinó a Allende va perdiendo fuerza progresivamente.
La historia, como decía Allende, la siguen escribiendo los pueblos.
Imagen de portada: Escoltado, Salvador Allende sale por una puerta del Palacio Presidencial de Chile. | Foto: Internacionalista 360°.
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