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No todo está perdido

Agustín Galo Samario / Diálogo Estado / No Todo Está Perdido / 29/08/2014

Nada más senador

 

Agustín Galo Samario

 

Hace cuatro años, en 2010, Gerardo Sánchez García ganó con dificultades la dirigencia nacional de la Confederación Nacional Campesina (CNC). Bajo acusaciones de incurrir en prácticas antidemocráticas por algunos de sus compañeros cenecistas. Principalmente del oaxaqueño Adolfo Toledo Infanzón, en ese entonces senador de la República, uno de sus más severos críticos durante todo el proceso de relevo.

Hoy, al entregar el mando en Zapopan, Jalisco, su relevo Manuel Cota se ha propuesto trabajar con los campesinos del país para que no tengan que dejar sus tierras y emigrar a los Estados Unidos en busca de un mejor futuro. Esa es, quizá, la declaratoria que sintetiza la labor realizada por Gerardo Sánchez en su periodo de líder cenecista: magros resultados en mejorar la vida del campesinado.

Pero el senador salvaterrense se despidió como mejor sabe hacerlo: entregándole a Enrique Peña Nieto la medalla José María Morelos y Pavón “por su incansable lucha social”, según reproducen algunos medios de comunicación tapatíos. Un adecuado ejercicio de oportunidad política con quien hoy es presidente de la República y el jefe único del priismo nacional. Porque la carrera continúa y las elecciones intermedias del próximo año están a la vuelta de la esquina, una escala por demás importante en el viaje al 2018. Nada más.

Porque en política es donde mejor se siente, y por la influencia decisiva que tiene en la dirigencia estatal del PRI, seguramente ahora veremos a Gerardo Sánchez cada vez más en Guanajuato. ¿Qué tanto mermará su capital político con las informaciones en medios nacionales que lo señalan por enriquecerse con dinero público? Eso también está por verse, sobre todo si se tiene en cuenta que no ha sufrido gran cosa luego de atorarse en las redes del interés político electoral de 2012, cuando sus correligionarios cenecistas tomaron las instalaciones del priismo guanajuatense en protesta por no obtener las candidaturas que demandaban al entonces candidato a la gubernatura, Juan Ignacio Torres Landa.

Ser senador de la República hasta el 2018, mantener la cercanía con Peña Nieto y contar con uno de sus incondicionales en la presidencia estatal del PRI, no es cosa despreciable. Porque no es cuestión de dar resultados a la hora de representar a los ciudadanos en el Senado ni a los campesinos que encabezó desde la CNC. Es, sencillamente, cuestión de hacer política.

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