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No todo está perdido

Agustín Galo Samario / Diálogo Estado / No Todo Está Perdido / 22/09/2014

Cosas de hombres… y de curas

Agustín Galo Samario

El sábado, por segundo año consecutivo, volvieron a salir a las calles las organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres a protestar por la incesante marea de feminicidios en Guanajuato. Pero, sobre todo, contra la cultura machista y lo que consideran es la indolencia del gobierno para implantar políticas públicas que de verdad empiecen a poner freno a este fenómeno.

Fueron siete municipios donde mujeres y hombres marcharon juntos, paso a paso. El grupo ProMujeres Guanajuato o Guanajuatenses por los Derechos de las Mujeres, que convocó a la manifestación, parece crecer. Con sus más de 20 organizaciones, tiene cada vez más presencia en el estado. En Guanajuato capital, León, San Miguel de Allende, Dolores Hidalgo, Salamanca, Acámbaro y aún más demarcaciones donde no les fue posible unirse a la protesta. Fue significativo ver a personas de ambos sexos que terminaron por unirse a los manifestantes, unos abrazados, otros con aplausos y algunos más que no pudieron contener las lágrimas. Incluso en Irapuato, donde la marcha estuvo a punto de no realizarse pero que la convicción de las organizadoras las hizo salir adelante.

No es muy común que las personas decidan actuar colectivamente y con el propósito fundamental de mejorar la vida en sus comunidades. Por eso es muy importante reconocer el trabajo que han realizado las organizaciones que ahora convocaron a alzar la voz en defensa de los derechos de las mujeres y contra la violencia que sufren muchas, la inmensa mayoría de ellas, en sus casas, en el trabajo y en la calle.

Porque como siempre, el machismo ahí está, necio. Como el de aquel señor en Guanajuato capital que mientras los manifestantes exigían ni una muerta más, él se permitía exigir que ellas primero mostraran respeto. O como el obispo de Celaya, Benjamín Castillo Plascencia, que otra vez ha culpado a las mujeres de la violencia que las lacera y hasta mata. Dice el prelado que no es necesaria una alerta de género en el estado porque los feminicidios están estrechamente relacionados al narcomenudeo y porque entre la población femenina hay muchas que salen de trabajar en la noche o en horas de la madrugada.

Pero las cosas empiezan a ser diferentes. Cada vez hay más personas dispuestas a defender los derechos contenidos en nuestra Carta Magna, en los tratados internacionales o, simplemente, porque creen que es posible un mundo mejor. Incluso entre parte de la jerarquía de la Iglesia católica, tan retrógrada e intolerante con las mujeres, hay obispos como Raúl Vera que se muestra convencido y solidario con las que sufren en carne propia la violencia machista. Nosotros los hombres deberíamos ser los primeros en reconocer que no son delincuentes y menos asesinas, que son nuestras amigas, que son nuestras parejas, son nuestras madres, nuestras hermanas, nuestras hijas.

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Luis López




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