No se quiere ir
Agustín Galo Samario
La respuesta de Carlos Navarrete Ruiz a la carta en que Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano le pide a él y a todo el Comité Nacional su renuncia, vuelve a confirmar las contradicciones en que hoy mantienen al PRD en la peor crisis de su historia.
Carlos Navarrete dice que será el Consejo Nacional el que decida si se va o se queda. Pero resulta que ese órgano, el más importante dentro del perredismo, es controlado por Los Chuchos, es decir, Nueva Izquierda, que en octubre logró más del 60 por ciento de representación al alcanzar una mayoría de votos con la ayuda de corrientes minoritarias como Movimiento de Izquierda por la Libertad.
También dijo el presidente nacional perredista que su dirigencia surgió de un proceso interno inédito organizado por el Instituto Nacional Electoral, lo que le da legitimidad, además de que como lo pide Cuauhtémoc Cárdenas, el Comité Nacional y los comités están integrados con representaciones regionales y de todas las corrientes. (Al menos en Guanajuato no se puede saber si es así o no, toda vez que, por ejemplo, al Comité Estatal se integró Hugo Estefanía Monroy, antes de la tribu de Democracia Social, pero ahora como nuevo militante de Nueva Izquierda).
En lo que nadie puede negar que Navarrete tiene razón es cuando dice que en el PRD “se han adoptado decisiones equivocadas”, “ha habido omisiones evidentes” y “tolerancia con prácticas inaceptables”. Pero en lo que se vuelve a equivocar es cuando asegura que en todo eso “todos somos responsables de que esto haya ocurrido”.
Repartir culpas como en el caso de la postulación de José Luis Abarca a la alcaldía de Iguala, Guerrero, no sólo debería resultar bochornoso. Porque el ahora ex alcalde preso no fue impulsado por ninguna otra que su corriente, Nueva Izquierda. No cabe duda que la voz del ingeniero Cárdenas todavía pesa y mucho. Tanto como para evidenciar a un Carlos Navarrete inconsecuente y poco dispuesto a hacer un verdadero ejercicio de reflexión sobre todo eso que han hecho Los Chuchos para que el PRD se encuentre en esta crítica situación. ¿Qué se puede disolver? Sí, es posible. Por lo menos para buena parte de la población mexicana ya ni siquiera representa a la izquierda, ha desaparecido el que alguna vez abanderó las luchas contra la desigualdad, la pobreza, la discriminación y otras tantas más. Para infortunio de quienes en el país y en Guanajuato, dentro y fuera de ese partido, han trabajado incansablemente por convertirlo en una opción de gobierno. Porque sin una organización partidista de izquierda, la democracia pierde.
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