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PERSIGUIENDO SOMBRAS

Diálogo Estado / Raúl Muñiz Torres / 27/08/2014

El espejismo del progreso

Raúl Muñiz Torres

A mediados de los años 80 del siglo pasado, cuando menos, en la ciudad de León llovía “a cántaros”, como solía decirse en los tiempos en que los objetos cotidianos formaban parte del lenguaje de nuestros abuelos y servían para definir una realidad que en este caso, describía y narraba el clima de aquellos días.

Las constantes precipitaciones pluviales de hace casi 30 años, no permitían ver el sol incluso por varios días y cuando este se dejaba ver, se respiraba un ambiente de frescura que las lluviosas jornadas dejaban como herencia al aire, al ánimo, a los campos todavía vastos, de milpas y tierra fértil.

Pero el “progreso” llegó, ese concepto tan esquivo y tan relativo que se mide en inversiones empresariales nacionales y extranjeras, en el crecimiento exponencial de vías de tráfico vehicular, en boulevares, centros comerciales y nuevos fraccionamientos habitacionales.

El “progreso” nos deja hoy un calentamiento del medio ambiente que se traduce en temperaturas promedio arriba de los 30 grados centígrados durante buena parte del año, que nos ha dejado un alarmante déficit de áreas verdes, que nos ha dejado el abandono del campo que sucumbe ante la construcción de fábricas, nuevas colonias, malls, avenidas, distribuidores viales, la modernidad, pues.

No tardará el día en que el uso del suelo venga a traernos una nueva calamidad como la que sufre ya, la Ciudad de México: la construcción desbordada de terribles edificios de departamentos, el crecimiento hacia arriba porque a los lados, se agotó la tierra.

Los nuevos matrimonios de la clase media que empiezan una nueva vida en el Distrito Federal y que no tienen un presupuesto mayor para hacerse de una casa digna, acceden a uno de los cientos, quizá miles de departamentos en venta que se ofrecen en la capital mexicana en donde un lugar de esos, con apenas dos recámaras, los indispensables espacios y según la zona de ubicación, puede llegar a costar más de un millón de pesos.

El espejismo del progreso me hace pensar en la comunidad de Buenavista en Purísima del Rincón en donde sus habitantes se han quejado por años, de la contaminación que genera Química Central de México.

Ojalá comunidades y empresa, lleguen a un buen arreglo en el futuro cercano. Pero no se tapará un hoyo sin haber dejado otro abierto: el Gobierno del Estado anuncia hoy con bombos el primer eco-boulevard que se construye a lo largo de la carretera León-San Francisco.

Quizá en unos años, Química Central sea sólo un recuerdo no grato, pero nada más. El “progreso” habrá alcanzado para entonces, a todas las comunidades rurales de la zona y veremos cómo la modernidad se tragará las tierras fértiles, cómo se levantarán nuevos centros comerciales, escuelas, fraccionamientos, nuevas fábricas; cómo el espejismo de la vanguardia urbana entrará con toda su voracidad a terrenos en donde hoy, todavía, como hace 30 años y más, sólo el arrullo y murmullo de la naturaleza era lo que reinaba.

El Progreso, ese canto sirenas…

 

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