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NO TODO ESTÁ PERDIDO
Agustín Galo Samario
Hombre de ideas y de acción, no se ve que sea el gobernador Miguel Márquez. Según sus propias palabras, reproducidas por la prensa estatal, su gobierno tardó ocho horas en informar a los ciudadanos de la situación generada por la violencia del viernes y sábado, porque “era importante tener una evaluación completa, integral (…) Hablamos con el presidente de la República, con el secretario de Gobernación para traer una sola versión”.
A cambio de hablar del crimen organizado en el estado y de la estrategia de su gobierno para enfrentarlo en coordinación con la federación, para él “Guanajuato es un tema controlado porque no hubo bloqueos” y los leoneses pueden estar tranquilos y salir a pasear. En otras palabras, recurrió a Los Pinos y a la Secretaría de Gobernación para recibir instrucciones de qué decir y lo dijo, copió la narrativa oficial de tranquilidad y progreso con la que se cree que no hablar de la grave inseguridad hace que no exista.
Entonces, por supuesto, mejor hablar de coletazos de lo ocurrido en Jalisco y nada de que los delincuentes más violentos están aquí, que actúan de noche y a plena luz del día, que incendian vehículos, locales comerciales y dejan mensajes en artefactos explosivos en Salamanca. Porque hablar de crimen organizado está prohibido, porque mencionar esas dos palabras malditas incomoda, porque revela incapacidad y deja al descubierto que las autoridades están rebasadas. Porque incluso se puede llegar a pensar que las instituciones y muchos funcionarios son presas de la corrupción, lacra que permite que las organizaciones criminales, esas sí, progresen sin que nadie les ponga freno.
Pero hay otro estado y otra realidad que no pueden esperar, que nos recuerdan que no es la primera vez que se oyen los tambores de guerra de la delincuencia. En Guanajuato capital, en León, San Luis de la Paz y otras demarcaciones hay personas desaparecidas. En Acámbaro, Moroleón, Uriangato, Valle de Santiago, Celaya, Irapuato, Silao, San José Iturbide, Pénjamo, Pueblo Nuevo y otra vez León los narcotraficantes trabajan a sus anchas. Podríamos seguir con la lista y decir, casi sin exageración, que no hay ciudad o pueblo guanajuatense que se libre por completo de la violencia criminal. Por eso Guanajuato ocupa uno de los últimos lugares a nivel nacional en el índice de paz.
Por lo menos, el gobernador debería dejar de subestimar la inteligencia de los guanajuatenses ocultándoles la verdad o negándola. Todo mundo sabe que la delincuencia organizada está aquí y que el primer responsable de combatirla es él.
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