Agustín Galo y Martha Camacho / SomosMass99
Acámbaro, Gto. / 9 de noviembre de 2014
En México lo peor que tenemos es la clase política. Y con los políticos vienen hechos como la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, y el asesinato de otras seis personas, tres de ellas estudiantes. Ejemplo que, de acuerdo con el obispo de Saltillo, Coahuila, Raúl Vera, demuestra que estamos ante un Estado que atemoriza con la exhibición de crueldad para mantenernos sometidos.
Es un Estado, explica, que ha asumido el proyecto del capitalismo neoliberal para entregar el país a los grupos más poderosos del mundo. Por eso, si los ciudadanos no reaccionamos, “lo que nos espera es un Estado cada vez más represor y más asesino”.
Las opiniones de Raúl Vera se dan en el marco de la presentación en esta ciudad de su libro El evangelio social de Raúl Vera, conversaciones con Bernardo Barranco, editado por Grijalbo.

- Pasta de Conchos fue el detonante para que surgiera el proyecto de escribir el libro, cuenta don Raúl, quien oficia afuera de las instalaciones de Minera México cada aniversario de la tragedia minera.
Después de oficiar la misa en la que dos parejas contrajeron matrimonio, decenas de acambarenses lo acompañaron a la Casa de Cultura del municipio para escucharlo hablar de un trabajo que se llevó más de año y medio, con encerronas en ocasiones de hasta dos días en la casa del experto en temas religiosos.
Todo un reto, en el que sabía que tendría que acudir a todas sus convicciones y certezas para dialogar con un crítico de la Iglesia católica, como lo es Bernardo Barranco, quien desde un inicio le advirtió: “Mi esposa y yo somos unos católicos en la diáspora del sínodo. Así que con este tenía que sostener mis argumentos y echarle fuego”.
Pero lo bueno es que la dedicación fue completa, de tal cuenta que “si hay algo que vale la pena es que nos dio mucho trabajo. Luego había que corregir, luego las entrevistas, luego corregir”.
Una de las cuestiones que lo animó a aceptar la propuesta de la editorial para escribir el libro con Bernardo Barranco fueron las experiencias vividas en Chiapas, junto con el obispo irapuatense Samuel Ruiz. Porque trabajar en un estado “con racistas” le permitió empezar a transmitir cómo entiende su vida cristiana, “no como obispo, tampoco como sacerdote ni antes como fraile dominico”.
Si trabajó en Guerrero con organizaciones sociales, estar al lado de Samuel Ruiz en una entidad donde había desplazados, donde el gobierno atacaba con granaderos los proyectos ganaderos que ponían en marcha los indígenas, “con estrategias paramilitares de los Estados Unidos”, le cambió la vida. “Por eso inventaron órdenes de aprehensión contra sacerdotes, por eso les aplicaron el artículo 33. (El gobierno) le quitaba el agua al pez. El agua eran las organizaciones no gubernamentales y los sacerdotes. El pez era el EZLN”.
Por eso después de ser nombrado obispo de Saltillo, cuando un feligrés le preguntó: “¿Cómo está su excelencia?”, él respondió: “Mi excelencia, no sé. Yo bien”. O cuando un nuncio apostólico lo invitó a la representación del Vaticano en la Ciudad de México y también le llamó excelencia, se le encogieron los brazos. Al ver su reacción, el entonces representante del papa le comentó: “Hay que acostumbrarse”. “Pero qué bueno que no me acostumbré. Yo creo en la vida simple y sencilla, porque de lo contrario uno pierde la visión de lo que quieren los demás”.
Y los demás son los divorciados, los homosexuales, los indígenas, los mineros de Pasta de Conchos, las mujeres, los migrantes mexicanos y centroamericanos que tratan de cruzar la frontera con los Estados Unidos. Es el mensaje que el papa Francisco les ha enviado a los arzobispos, obispos y a todos los jerarcas católicos del mundo: “El rostro de la nueva iglesia será laical. Es un cambio de mentalidad muy fuerte”.
Así, cuando alguien del público le pregunta qué se necesita para sanear al gobierno, la respuesta es simple: “Bañarlo con agua de Lourdes”. Y ahí surge la anécdota de la vez en que le reclamaron que “no le ató las manos” a Samuel Ruiz para que dejara de apoyar a los pueblos indígenas de Chiapas. El obispo, se acuerda Raúl Vera, intervino para responder: “Je je, ya semos dos”.
Un Estado represor

- El narcotráfico en México se fortaleció y tiene que ver con su penetración en el gobierno, señala el obispo.
Pero resulta que en México el narcotráfico se fortaleció porque se infiltró en el gobierno, explica Vera. “Creo que lo que debemos enfrentar es a un Estado policiaco, represivo, de control férreo, cada día más duro, y esto es característico de un Estado que ha asumido a carta cabal el proyecto del capitalismo liberal que, precisamente por las características que tiene, hoy se le ha agregado el término neoliberal”.
Sin embargo, asegura ya en conferencia de prensa, esta situación cada día va a indignar más al pueblo. “Porque así como los españoles, que cuando llegaron a conquistarnos hacían exhibición de crueldad para lograr el sometimiento del resto del pueblo, semejante es lo que están haciendo ahora con nosotros. Están haciendo un lujo de crueldad para que nosotros les tengamos miedo y nos callemos. Hoy no están (los gobiernos) para servirnos a nosotros, están al servicio de los grupos poderosos del mundo, a los que han decidido darles con una ancha magnanimidad y con gran complacencia los recursos del país.
“Esto es lo que estamos viendo, esto es lo que se está configurando, y lo que quieren decir estos acontecimientos es eso, un mensaje que nos dan”.
El obispo se refiere al asesinato de seis personas, tres de ellos estudiantes de la escuela normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, y la desaparición de 43 de sus compañeros, todos a manos de policías municipales de la ciudad de Iguala. Porque, además, el ahora ex alcalde de esa demarcación, José Luis Abarca, no es la única que vez que ha acabado con la vida de una persona: “El señor seguía de presidente municipal y (…) no lo están persiguiendo por el crimen que cometió, por el asesinato del luchador social Arturo Hernández Cardona y por el que tiene una acusación formal en el estado de Guerrero.
“Secuestró con el crimen organizado a otras siete personas, de las cuales dos fueron asesinadas y (a) las otras cinco no pudieron por torpezas de los mismos que los tenían bajo custodia. Al igual que hizo con los muchachos de Ayotzinapa, los sacó de Iguala y los llevó a otro lugar. Esto es lo que sabe hacer este señor (Abarca) y siguió impunemente gobernando”.
El defensor de los derechos humanos señala que el antecedente de nuestros males es “la impunidad que ha reinado en México desde el gobierno de Felipe Calderón, que no hizo nunca una persecución del crimen organizado en serio, con procuración de justicia (…) El señor se dedicó a hacer una guerra pirotécnica visible, a hacer lucir su persecución contra el crimen organizado, para atraer inversiones”.
Entonces, “si no reaccionamos esto es lo que nos espera: un Estado cada vez más represor y más asesino. Ahí están todas estas fosas que han hallado, aunque en el caso de los muchachos de Ayotzinapa están diciendo ahora que no saben todavía decir si estaban ahí, pero las fosas ahí están. Y la familia misma espera que les digan con certeza qué pasó. Nadie quiere ver a sus hijos muertos, pero los padres quieren que les digan si son o no”.
Lo cierto es que “los muchachos desaparecidos fueron aprehendidos por la Policía Municipal de Iguala, desde ese momento estaban bajo su custodia y ellos son los responsables directos de su seguridad”.
Eso es un crimen de Estado, “que no nos digan que no es el Estado mexicano, que es el municipio de Iguala. No señor, dejaron que Abarca siguiera en la impunidad y se negaron a otorgar medidas cautelares al muchacho que declaró en su contra por el crimen de Arturo Hernández, porque fue testigo del asesinato. Todo esto tiene en su contra este señor y siguió gobernando hasta que lo volvió a hacer con los normalistas”.
¿Qué compromisos tiene Peña?
Para el obispo, los mexicanos tenemos que ser muy astutos y exigir que se expliquen “todos los nexos que se asoman” en la elección del presidente Enrique Peña Nieto. “Se asomaron con Monex, se asomó el lavado de dinero. Se asomaron con el trasiego de droga y de dinero en vehículos de Televisa, que es patrocinador de Peña. Eso lo hicieron por Centro América durante dos años antes de las elecciones. Todo esto lo tenemos qué aclarar ahora, nos vemos obligados a pedir explicaciones a la Procuraduría General de la República.
“Qué compromisos tiene el señor Peña Nieto, qué compromisos tiene el PRI con todos estos, cómo vamos a pagar los mexicanos los compromisos de alguien que hizo todo eso para pagar la presidencia de la República. ¿Así como pagaron los muchachos de Ayotzinapa los compromisos de un alcalde? Tenemos que exigir que siga la investigación por el caso Televisa”.
La clase política, por los suelos
El obispo, oriundo de Acámbaro, asegura que hasta ahora los partidos políticos han dado muestras de grandes deficiencias. No son la opción para los problemas de México.
Considera que pueblo es el único que puede y debe cambiar la forma de gobierno. Y para ello se requiere de un nuevo constituyente, para que partir de ello se convoque a una elección popular sin los partidos políticos, “al estilo indígena. Una elección popular”.
El obispo que transgrede las formas
Y como de los pobres aprendió una nueva forma de ver la vida, cuenta que hace poco fue a Guatemala y de regreso a México lo detuvieron porque traía un paquete de libros. Indignado pensó: “Sólo porque éste no ha leído ni tres libros ahora nos detienen a los que sí leemos”. No hizo falta que diera nombres, la concurrencia estalló en carcajadas por la anécdota.
Así, entre severas críticas al gobierno en todos sus órdenes, termina la charla con un más que agradecible buen humor y la ejemplar firmeza de un hombre que no duda en seguir con su compromiso con la justicia social y los derechos humanos.
Ahora don Raúl Vera se apresta a participar la próxima semana en el Tribunal Permanente de los Pueblos, donde fungirá como juez en la audiencia final que emitirá un fallo sobre Libre Comercio, Violencia, Impunidad y Derechos de los pueblos en México.


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