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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 10 de febrero de 2017
“La soberanía no es un concepto abstracto, no existe al margen o por encima del pueblo. Éste es su titular y el único que puede ejercerla. Más no sólo porque así lo disponen las leyes sino porque tenga realmente la posibilidad de hacerlo”
Alonso Aguilar Monteverde
Defensa de nuestra soberanía nacional y popular
Hace unos días, en relación a las bravatas de Donald Trump, ante un grupo de empresarios agropecuarios, Enrique Peña Nieto declaró que “el presidente de la república estará invariablemente actuando en la defensa de la soberanía de México”.
En el contexto en que vive nuestro país y nuestro pueblo tal declaración pudiera interpretarse como una broma de pésimo gusto. Aclaremos:
¿Puede ser soberano un país que importa cerca de la mitad de los alimentos que consume? ¿Qué tanta soberanía puede presumir un país donde la banca está casi en su totalidad en manos del capital extranjero? O bien, ¿cuando sus riquezas naturales y el patrimonio antes nacional pertenecen a entidades privadas locales y extranjeras?
Algo más: ¿Puede un pueblo sujeto a la pesada carga que implica una enorme y asfixiante deuda, interna y externa, ser soberano? Y un pueblo al que sus dirigentes engañan cotidianamente y le imponen políticas y medidas contrarias a sus intereses, ¿puede calificarse como soberano? También, ¿será soberano un país en el que su sistema educativo insiste en formar personas dóciles y acríticas en lugar de ciudadanos?
Ahora, ¿puede un dirigente político que es fiel seguidor de la política que ha hundido al país y empobrecido a la inmensa mayoría de sus habitantes ser defensor de la soberanía nacional y popular?
¡Obviamente no!
Y por mucho que un mandato constitucional lo obligue, en él pesa más su condición y posición de clase; razón por la que sus acciones tendrán un contenido clasista, desfavorables al pueblo. Tal es la condición de quien cobra como presidente de la república y ahora se autonombra defensor de la soberanía.
Además, él, quienes lo acompañan en puestos de gobierno y el grupo que detenta el poder real, ahora apelan a la unidad nacional para enfrentar al energúmeno del norte y a una crisis de la que en buena medida son responsables.
Llaman a una unidad en la que todos los mexicanos defendamos los intereses del grupo en el poder para que todo continúe en función de sus intereses y se reproduzcan las condiciones que les permitan ejercer su hegemonía como clase.
Después de treinta y cuatro años de mentiras, despojos, corrupción, impunidad, injusticia, todo ello elevado a su máxima expresión por el neoliberalismo, sería ingenuo pensar que quienes han propiciado la debacle que padece nuestro país sean los que puedan resolver los problemas que lo tienen en la situación actual.
Algunos pensamos que lo que este país necesita es una refundación, pero desde abajo. Ello implicaría echar a los neoliberales del gobierno y a la oligarquía del poder; deshacernos de los partidos políticos tradicionales y electoreros, establecer nuevas reglas de convivencia social mediante una nueva Constitución y que el pueblo sea quien realmente asuma el poder.
Alcanzarlo no será fácil. Sin embargo, el sistema se ha encargado de exacerbar las contradicciones inherentes a su funcionamiento y creado las condiciones para que el pueblo busque, y encuentre, los caminos que conduzcan a los niveles de organización y unidad necesarios para alcanzar su definitiva independencia y ejercer cabalmente su soberanía.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Observatorio Biosfera de Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Presidencia / Cuartoscuro
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