SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez*
Jueves 26 de julio de 2018
La sociedad no es el decorado irremediable de nuestra vida, como la naturaleza, sino un drama en el que podemos ser protagonistas y no sólo comparsas.
– Fernando Savater
Quedaron atrás las elecciones y con ellas las conversaciones inteligentes y las conversaciones estúpidas, en términos del filósofo contemporáneo, José Antonio Marina. Las primeras resultaron estimulantes, divertidas, emocionantes, reflexivas, clarificadoras de ideas, socializadoras de información, facilitadoras de la toma de decisión respecto al voto. Las segundas, en cambio, eran pobres y miserables; repetidoras de lugares comunes, de noticias o publicaciones sin fundamento, frases de compromiso.
De los dos tipos de conversación fui partícipe. Con las primeras me entusiasmé. De las segundas huí lo más pronto posible.
Los niños, niñas y adolescentes también opinaron al respecto. Mi hijo un día llegaba de la escuela contando un chiste acerca de un candidato o candidata; otro día solicitaba ayuda para preparar un debate que tendría en una de sus clases, acerca de las elecciones; y otro día compartía las preferencias partidistas de sus pares.
Muchos menores de edad contemporáneos nadando en temas políticos. Sin duda, una buena noticia.
La gente adulta, por su parte, manifestó diferentes niveles de participación (dentro y fuera de los partidos). Unos organizando las votaciones: capacitándose como funcionarios de casillas, anotándose como observadores, vigilando la recepción de los materiales a utilizarse el día de la votación, desvelándose contando los votos…, y otros fomentando la participación ciudadana. Unos exigiendo la democratización de los medios y otros investigando la veracidad de las noticas.
En el presente siglo se nota una nueva dinámica social que pone en tensión aquel dicho que dice que el pueblo tiene el gobierno que se merece. El pueblo va cambiando favorablemente, ¿los políticos también?
Años atrás llegó a mi mail uno de esos relatos que detonan la reflexión y la crítica a través de las redes sociales, se llama “La tortuga en el poste”. Dice así:
Un joven está paseando por la plaza de un pueblo y decide tomar un descanso. Se sienta en un banco… al lado hay un señor de más edad y, naturalmente, comienzan a conversar sobre el país, el gobierno y sus gobernantes. El señor le dice al joven: “¿Sabe?, los legisladores, síndicos, presidentes municipales y hasta el gobernador, son como una tortuga en un poste”.
Después de un breve lapso, el joven responde: “No comprendo bien la analogía… ¿Qué significa eso, señor?” Entonces, el señor le explica: “Si vas caminando por el campo y ves una tortuga arriba de un poste de alambrado haciendo equilibrio ¿qué se te ocurre?”
Viendo la cara de incomprensión del joven, continúa con su explicación: “Primero: No entenderás cómo llegó ahí. Segundo: No podrás creer que esté ahí. Tercero: Sabrás que no pudo haber subido solita ahí. Cuarto: Estarás seguro que no debería estar ahí. Quinto: Serás consciente que no va a hacer nada útil mientras esté ahí. Entonces lo único sensato sería ayudarla a bajar”.
Gobernantes y legisladores ya fueron electos. El pueblo decidió. El ejercicio democrático electoral fue positivo. Ahora toca retomar la dimensión colectiva de nuestra libertad individual. Toca cuidar el proyecto político más digno de ser atendido –parafraseando a Savater–: la ciudadanía.
Funcionarios y miembros de la sociedad civil somos responsables de crear las condiciones para que el bienestar y el desarrollo humano sean una realidad para todos los que habitamos este país lleno de riqueza, una riqueza, al día de hoy, muy mal distribuida. En este proceso no elijamos ser comparsas sino protagonistas. Y ayudemos siempre, con sensatez y civilidad, a bajar de los postes a aquellas tortugas que no logren hacer algo útil para el pueblo, en caso de que existan.
* Psicólogo / [email protected]
Foto de portada: Pixabay.
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