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Un mural en la selva; el regalo de la doctora a la comunidad zapatista

Sociedad Estado / Top News / 21/07/2015

SOMOSMASS99

Martha Camacho / SomosMass99

Primera parte

Guanajuato, Gto. / Martes 21 de julio de 2015

 

“Cuando una mujer avanza no hay hombre que retroceda”

Movimiento zapatista

 

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Las mujeres en el centro de la actividad comunitaria en Las Tazas.

Hija, ¿a qué México me trajiste? Esas fueron las primeras palabras de Sandra luego de viajar montada en una camioneta con redilas que atravesó caminos terregosos y accidentados que al cabo de cuatro horas, desde Ocosingo, la llevaron a Las Tazas, una comunidad zapatista donde el cielo es de un azul intenso, donde las montañas se suceden una a otra en una hilera interminable, donde abundan las ranas y los pájaros, donde el silencio se impone, donde el río acompaña y donde las mujeres y los hombres viven bajo el lema: “Todo para todos, para nosotros nada” (“Ku’untik ta jpisiltik spisil, mayuk bin ay yu’un jo’otik”).

Sandra Llerena llegó a esa comunidad con una encomienda que considera un privilegio: pintar un mural en las paredes de la clínica del EZLN denominada Clínica Autónoma de los Pobres. La historia comienza en 2014 cuando su hija Belén decidió realizar su servicio médico en Las Tazas.

A la egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana la convenció la labor que hace la organización no gubernamental Salud y Desarrollo Comunitario, A.C. (SADEC),  que pertenece a Médicos del Mundo. Y a SADEC la convenció el perfil de la doctora y sus buenas calificaciones.

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La palabra es un arma cargada de futuro.

Apenas habían pasado unos meses de su llegada a la comunidad zapatista y la joven médico observó que la fachada de su centro de trabajo no era como muchas otras de las comunidades vecinas, le faltaba el dibujo, como le llaman los lugareños.

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La doctora Belén también colaboró con algunas pinceladas.

La idea se fue gestando en su cabeza, lo primero fue platicar con su mamá, luego con el coordinador de Servicio Social en Chiapas, el médico Joel Heredia, así como hacer la propuesta a las autoridades del Buen Gobierno. Conseguidas las autorizaciones lo demás fue pedirle a Sandra que hiciera un proyecto de mural; al fin cómplices, madre e hija obtuvieron los avales para darle color a sus sueños, para representar en esas paredes la función de los médicos y la labor comunitaria. El resto es un pasaje que duró tres meses y que para la artista fue “entrar a un mundo hermoso, emotivo por la oportunidad de convivir con personas tan buenas”.

Este mural es peculiar porque es el primero que realizan totalmente manos ajenas a la comunidad, los otros que ya existen se han realizado a partir del boceto de un artista pero los pintan los propios pobladores.

 

“Nuestro lugar en la selva”

 

Las Tazas es un ejido del municipio gubernamental de Ocosingo, pertenece al Caracol de La Garrucha. En el pueblo, de unos 2 mil habitantes, conviven también con una población que no abraza la causa zapatista y eso se nota. Mientras unos se organizan para el trabajo comunitario, los segundos pasan horas y horas en la iglesia.

A pesar de que la comunidad está a sólo 74.7 kms de distancia de Ocosingo hay que viajar durante cuatro horas en un camino de terracería, baches, curvas y mucho polvo. Cuando al fin llegas sabes que valió la pena el zangoloteo.

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De 2 a 4 era prácticamente imposible trabajar por el intenso calor.

Sandra, la mamá de la doctora, como le conocían en la comunidad, todavía con la emoción de haber vivido por meses en el lugar cuenta que  le costó mucho trabajo regresar a su vida en la capital del país. “Es un México que desconocemos, durábamos días sin luz, es estar aislado del mundo que conoces”.

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Los cerros se impusieron en el mural.

Pasados varios días de su arribo a la zona se puso manos a la obra. Había llegado el momento de darle forma a los personajes, a la vida del movimiento zapatista, a los animales, a los paisajes. Platica que en el proceso de plasmar su boceto en las paredes hizo cambios importantes y es que ya en el lugar sus sentidos se llenaron del verde de las montañas, del croar de las ranas, del olor a la madera quemada. Así fue como el entorno ocupó su lugar en el mural.

La clínica es una construcción con techo de teja que incluye el dormitorio de la doctora y la cocina donde se preparan los alimentos.

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La tía Laura, en plena faena.

Comenzar la jornada era despertar a las seis de la mañana, prender el fogón con leña y prepararse un té de limón. Cada día una familia distinta les llevaba el desayuno y la comida, era su manera de agradecer a las artistas por el mural con el que embellecieron la clínica, pero también por el mensaje de amor y reconocimiento a ese pueblo que plasmaron en cada dibujo de las paredes.

Las artistas, lo digo en plural porque Laura, la hermana de Sandra llegó por dos semanas para ayudar y aportar su talento en la culminación del trabajo. En la comunidad la conocían como la tía de la doctora, ambas ríen cuando platican la anécdota.

Así bajo un sol de mayo implacable, Sandra y Laura Llerena trabajaron  largas horas, primero en la colocación del sellado de las paredes, luego en la aplicación de colores en acrílico y finalmente en los dibujos y el detalle de cada uno de ellos.

 

Eva fue el parteaguas

 

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Eva, un homenaje a la valentía.

La historia que se cuenta en el mural nace a partir de Eva, una niña de la comunidad que se “rompió” el pie y estuvo varios días sin férula porque no se veía la fractura expuesta. Se hizo necesario llevarla a un hospital de Tuxtla Gutiérrez, fue el primer traslado de la joven pasante de medicina con una paciente, juntas viajaron en la camioneta de redilas de 8 a 10 horas y de vuelta a casa. Toda una experiencia.

Detrás de este episodio subyacen las condiciones de aislamiento del lugar. “Los médicos lo único que llevan son sus manos”, dice Sandra, quien también describe la fortaleza de los pobladores. “Los niños y toda la comunidad son muy valientes”.

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Sandra, dando forma a los detalles.

Escucho el relato y la indignación surge a borbotones: vivimos en un México donde los hospitales de primer nivel son para unos cuántos, para los que pueden pagar por ello, mientras millones de Evas resisten el dolor o mueren en el intento, todo esto mientras el presidente de la República viaja a Francia con una comitiva de 400 personas y se hospeda en un hotel de casi 280 mil pesos la noche por habitación.

Por eso Eva fue el parteaguas, por eso la imagen de la niña con una férula queda en el centro del mural, porque de la fuerza que emana se desprende el resto de la historia.

El mural lleva por título “Nuestro lugar en la selva”, y comienza con el origen de la vida, una de las paredes muestra a una hermosa mujer con un avanzado embarazo. El dibujo cuenta la historia de lo que pasa en la comunidad y de lo que les toca vivir incluso como pareja. Y termina con el compañero zapa que ya no porta armas porque el movimiento zapatista privilegia el diálogo. A zapa lo abrazan decenas de manos de los niños que gustosos acudieron a  dejar su huella en las paredes de la clínica.

Otro de los muros muestra la labor de las promotoras de salud y de la doctora, la imagen es femenina porque desde que se creó la clínica casi todas las pasantes que han llegado a Las Tazas son mujeres.

¿Y eso por qué? Son las más aguantadoras, dicen en la comunidad. A la clínica acuden a consulta principalmente mujeres y niños, aunque llama la atención que casi siempre van acompañados por el esposo y padre. Ellos son los que  hablan español y hacen las veces de traductores, no obstante realmente están involucrados con su familia. Sin dudar responden a las preguntas básicas de la doctora: ¿Desde cuándo empezó con el malestar? ¿Cómo son las evacuaciones del niño? ¿Ha tenido fiebre?

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El mural muestra la cotidianidad del pueblo. No podía faltar la camioneta con redilas.

Para ellos el corazón está donde sienten las emociones, revela Sandra, o sea en el estómago, tercia Laura. Cuando describen sus malestares lo hacen en tercera persona: A  ella (la cabeza) le entra un dolor que la recorre, dicen.

En una comunidad donde uno de cada 10 pobladores habla español, el resto lo hace en tseltal, también es destacable que haya un plantel de educación media superior promovido por el EZLN, le llaman bachillerato autónomo. Es increíble que aquí haya prepa y en Nepantla (la ciudad donde nació Sor Juana Inés de la Cruz) sólo se pueda estudiar hasta la secundaria, señala Sandra con asombro.

Así pasaron las tardes y las noches, mientras la fachada de la Clínica Autónoma de los Pobres iba tomando color y formas.

 

Laura
Cuando faltaban un par de semanas para culminar la obra llegó Laura, la tía de la doctora. También su trayecto fue polvoso y ajetreado. Ella se encargó de pintar el muro donde están los niños y el del zapa recargado en el árbol.

De su pincel también surgió la lagartija, las casitas, el árbol rosa, el río, los montes junto a la embarazada, el árbol verde grande. Pero fue entre ambas que pintaron a Eva y lo hicieron hasta el final para cerrar el mural y con ello su contribución a la comunidad.

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La clínica ya tiene mural.

De esta experiencia Laura resalta la noches estrelladas y los relámpagos en un cielo negro que presagia tormenta, el viento en la cara cuando pincel en mano trabajaba en el mural a 35 grados de temperatura. El río Jataté que pasa cerca de Las Tazas, un afluente  anchísimo de corrientes fuertes y aguas de un hermoso color azul turquesa.

La artista también considera un privilegio haber estado en una comunidad zapatista, “nos recibieron con gusto, la gente es hospitalaria, amable, muy considerada, y hacen unos tamales súper ricos en días de fiesta y tuestan maíz para hacer una bebida parecida al café, el aire se huele como  a tortilla tostada y leña en los fogones, rico, todo muy rico”.

Y aunque ya hace casi dos meses que volvió de Las Tazas recuerda con nitidez los sonidos de los pájaros al amanecer, el agua helada y cristalina de un riachuelo donde se bañaban, la impresión de ver insectos que no conocía. Pero sobre todo la calidez de la gente, sus miradas curiosas, “divertidas porque no entendíamos sus palabras”.

Una mañana, como a las 5:30 me despertó un ruido acompasado, fuerte, pero armonioso, relata Laura. Asomé a la ventana y lo que vi fue a más de 100 hombres que con machete en mano cortaban en perfecto orden el pasto del campo donde se celebran los actos comunitarios.

Pero lo que recuerda con mayor gusto es que en Las Tazas nunca vio a una madre o a un padre maltratar a sus hijos, “ni en las situaciones más extremas pierden la calma”. Estuvimos rodeadas de gente que da mucho amor, a los suyos, a la naturaleza, a la comunidad.

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3 Comentarios

el 22/07/2015

Cuando pisas esos hermosos lugares, es trasladarse a otro país dentro de un país .
Triste situación.
Mano de obra barata (médico pasante)para este gobierno q no sabe como gobernar hacia un mejor mañana.
Es aprovecharse de esas ilusiones de médicos jóvenes que aun, con convicción , ponen su grano de arena para cambiar precisamente ese rumbo de nuestro Mexico.
Felicidades Dra Dalia Belén . Eres única.

el 24/07/2015

[…] Lea también: Un mural en la selva, el regalo de la doctora a la comunidad zapatista […]

el 24/07/2015

gracias a sandra, laura y su hija ¨la doctora¨.MUJER DE GRAN CORAZÓN Y VOCACIÓN MIS RESPETOS POR TU AYUDA AL PRÓJIMO COMO A TI MISMA,esa esencia de mujer como símbolo de la madre naturaleza para todos ,continua con esas ganas de dar porque muchas veces tenemos mas cuando damos mas y no cuando tenemos mucho bendiciones para ti.
amiga sandra y laura hermoso trabajo,sandra dios te bendijo con tu arte y tu hija mil bendiciones siempre debemos recordar que hay alguien que nos necesita mucho mas en lugar del mundo.saludos desde mi linda Venezuela



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