SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 8 de noviembre de 2024
El fracaso de la derecha y sus aliados en el intento de echar abajo la reforma judicial es solamente un paso adelante en el proceso de transformación que vive nuestro país; un paso muy importante porque la corrupción en el sistema judicial permitió la creación de un «estado de derecho» que propició, mediante el despojo, la privatización de bienes y riquezas de la nación y la cancelación de derechos de pueblos originarios y afromexicanos, campesinos y trabajadores del campo y la ciudad, además de la transferencia de recursos públicos ─vía «rescates»─ a organismos privados.
Ese «estado de derecho» y la «certeza jurídica» que esa situación representaba para quienes se beneficiaban de ella, en no pocos casos monopolios transnacionales, es lo que, en el fondo, intentó proteger la derecha con su defensa del Poder Judicial ante la reforma que desde el pasado 15 de septiembre es parte de la Constitución.
El hecho de que fallara el intento de un sector de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) de arrogarse facultades ─que no tiene─ para modificar el texto constitucional, en absoluto significa que la derecha desistirá en su objetivo de obstaculizar el proceso de transformación y crear las condiciones que le permitan en 2027 recuperar escaños en la Cámara de Diputados ─para romper la actual mayoría calificada─ y, en 2030, hacerse del gobierno federal.
En tal escenario la derecha emplearía todo tipo de campañas de desprestigio en las que además de utilizar su gran capacidad para mentir, se aprovecharían de fallas, errores y desviaciones que pudieran ocurrir en los diferentes niveles de gobierno que encabecen miembros de Morena y, también, crear situaciones ante las que el pueblo es muy sensible, por lo que cabría esperar, entre otras cosas, incremento de la violencia provocada por el crimen organizado, provocaciones de distinto tipo, «protestas» de la «sociedad civil», intentos de desestabilización política, económica, comercial y financiera con visos de golpe de Estado y problemas relacionados con el tráfico de drogas para utilizarlos como medios de presión política o amenaza militar externa.
Es conveniente tener presente que la derecha, además de los internos, cuenta con poderosos aliados en el extranjero, en particular con aquellos vinculados al capital monopolista financiero e industrial.
Por otro lado, como consecuencia del arraigo ideológico de doctrinas como la Monroe y la del Destino Manifiesto ─por las que se sienten los dueños de este continente y líderes imprescindibles del mundo─, para las clases dominantes en Estados Unidos es prácticamente inadmisible que en 2030 el pueblo vote por la continuación del proyecto de transformación de nuestro país, por lo que no es descabellado pensar que haya un incremento en la injerencia de esa potencia en asuntos cuya competencia sea únicamente nuestra. Esa injerencia, que es algo crónico, la padecimos recientemente en el pasado proceso electoral y en la defensa a ultranza que la derecha ha hecho del corrupto sistema judicial.
Si el pasado dos de junio una incuestionable mayoría de quienes acudimos a las urnas votamos por la continuación de un proyecto de país con el que coincidimos fundamentalmente y sabemos que el voto mayoritario es, por sí solo, insuficiente para cambiar una realidad, comprenderemos que para hacer posible tal proyecto será necesaria la participación consciente y organizada de nuestro pueblo.
Tal participación no requiere la afiliación a partidos políticos. Lo importante es la vinculación con quienes cotidianamente convivimos ─vecinos de cuadra o de colonia, compañeros de trabajo, de escuela u otras actividades, o con quienes tengamos coincidencias en la forma de entender la vida y la realidad y podamos compartir y debatir nuestras ideas con el fin de analizar las causas de nuestros problemas, ser capaces de elaborar propuestas para su solución y, en la medida de lo posible, apoyar y participar en las decisiones para resolverlos.
Tal práctica nos llevaría a vincularnos con otros sectores de nuestro pueblo lo que nos permitirá una mayor comprensión de nuestros problemas y sus causas y nos proporcionaría mejores herramientas para enfrentarlos.
Ello sería una manera de hacer valer nuestra soberanía.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Imagen de portada: Al centro, Norma Piña, ministra presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, protesta en la Cámara de Diputados federal contra la Reforma Judicial. | Foto: Regeneración.
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