NOTICIAS DE MARTE
Algo en común
Elena Arriola
¿Qué tienen en común una casa de 86 millones de pesos, los restos de cuerpos calcinados en un basurero municipal, el chocolate “crunch” de Nestlé y un procurador cansado? Lo primero es la mansión de un político; lo segundo es un hallazgo reciente en el país que dicho político dirige; lo tercero es una marca que hace del hallazgo un chiste; el procurador cansado es el que no debería descansar hasta esclarecer el crimen. Y todos son reflejo de la indolencia reinante en un lugar llamado México.
Una mexicana radicada en Alemania me (se) preguntaba cómo puede haber gente tan desalmada que torture, asesine, calcine a otro ser humano sin temblarle siquiera la mano y que pueda luego relatar dichos crímenes sin temblarle siquiera la voz. Tratamos de imaginarnos en qué condiciones ha crecido el individuo capaz de actos semejantes, qué ha visto, qué ha escuchado y vivido para que la tortura y el asesinato lleguen a ser un modus vivendi. Concluimos con esa expresión común de la “descomposición social” que hace referencia a que la violencia -como todo lo que es habitual- se convierte en algún momento en normalidad.
En lo que nos equivocamos es en juzgar que la violencia está allá fuera, entre los mafiosos. Nos engañamos si pensamos que sólo al criminal lo toca y sólo a él lo vuelve indiferente. ¿O de qué hablan si no de indiferencia la casa de 86 millones de pesos en el país de los 60 millones de pobres? ¿Qué significa el cansancio del procurador frente al hartazgo de una sociedad? Estudiantes desaparecen, cuerpos calcinados aparecen, el presidente de la “casa blanca de Las Lomas” decide irse a China y un “creativo” de Nestlé considera el momento perfecto para una buena “puntada”: “a los de Ayotzinapa les dieron crunch”, publica el 9 de noviembre en twitter. Distanciamiento, indiferencia: violencia creada por la violencia.
La quincena pasada me preguntaba de qué están hechos esos mexicanos que resisten cualquier atrocidad, cómo sobrellevan una realidad social que no puede calificarse sino de macabra. Ahora me pregunto hasta dónde y en qué forma los ha afectado esta realidad. ¿Los ha hecho evasivos como su presidente? ¿Los ha dejado exhaustos como su procurador? ¿Los ha vuelto insensibles como el “genio” creativo de Nestlé?
Quiero conocer al mexicano que ha convivido durante los últimos años con la violencia circundante y llegar a la raíz de su actuar o su dejar de hacerlo, pero esta vez no quiero teorizar demasiado ni establecer hipótesis personales. Para ello lo invito a participar en esta encuesta que estará abierta desde hoy y hasta el lunes 24 de noviembre. Sobre los resultados le platicaré en la próxima entrega de esta columna.
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