SOMOSMASS99
Edgar Cortez
Martes 5 de abril de 2016
La violencia y la impunidad crónica instalan un miedo social que hace del silencio la regla y sólo hasta que alguna persona o grupo, decide sobreponerse al miedo, se logra modificar tan ominosa situación. Veracruz es claro ejemplo de esto.
Cuando menos desde los tiempos del ex gobernador Fidel Herrera ya se acumulaban numerosos problemas en ese estado; sin embargo este gobernador y luego el actual, Javier Duarte, lograron contener los cuestionamientos y el reclamo ciudadano hasta hace no mucho.
El 11 de enero de 2016 fueron desaparecidos 5 jóvenes en Tierra Blanca, Veracruz, por policías estatales. En este caso los padres de las víctimas no callaron su situación sino que acudieron a medios locales y nacionales para denunciar y señalar directamente a los policías estatales como los perpetradores y señalando, además, que la Fiscalía del estado, en los primeros momentos, pretendió protegerlos.
La valiente difusión pública realizada por estas familias tuvo varias consecuencias. Primera, dio ánimo a muchas otras personas para que se atrevieran a denunciar desapariciones forzadas y otros atropellos vividos. Segunda, pusieron de manifiesto la falta de acción de las autoridades locales y, tercera, obligaron a que autoridades federales intervengan en el estado.
La entereza de las familias de Tierra Blanca fue un catalizador para que muchas otras personas contaran públicamente su propia desgracia: desapariciones forzadas cometidas por policías estatales. Muchas de éstas habían sucedido meses o años atrás y la razón por la que no fueron denunciadas en su momento, fue el miedo; pues los perpetradores seguían siendo policías en su misma comunidad.
A Tierra Blanca le siguieron Córdoba, Xalapa, Veracruz, Papantla, Acutzingo, Coatzacoalcos, etc. Cada historia de desaparición deja al descubierto un patrón de actuación: policías estatales desapareciendo personas, en muchos casos como un trabajo para la delincuencia organizada y siempre contando con impunidad garantizada.
Además de las desapariciones forzadas ahora estamos conociendo casos de violaciones sexuales cometidas en contra de mujeres jóvenes. De nueva cuenta la constante es la impunidad, alentada en estos casos por la misoginia de las instituciones de justicia.
A lo anterior habría que sumarle el endeudamiento del estado, el opaco manejo de miles de millones de pesos en publicidad gubernamental, la dilapidación del fondo de pensiones estatales, la retención del presupuesto a la Universidad pública y un largo etcétera.
Veracruz nos enfrenta a una dura verdad, la impunidad es sistémica; es decir no se trata de un mal policía o un Ministerio Público negligente, sino una organización institucional para proteger a funcionarios públicos que violan la ley y son delincuentes.
La segunda constatación es que actualmente no existe un recurso eficiente para hacer que funcionarios de primer nivel, como el gobernador o el secretario de seguridad pública, rinda cuentas y asuma las consecuencias de su mal desempeño.
La sociedad veracruzana y también la sociedad mexicana tenemos que preguntarnos seriamente, ¿cómo vamos a enfrentar tantos agravios?
@EdgarCortezm
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