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Agustín Galo Samario / No Todo Está Perdido / Top News / 22/07/2015

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NO TODO ESTÁ PERDIDO

Agustín Galo Samario

 

Desde que se creó en 1992, el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca siempre se ha visto afectado por las presiones de los profesores afiliados a la sección 22 de la Coordinadora Nacional de la Educación. Tal es el comentario recurrente que se hace en aquella entidad cuando se habla de la relación del magisterio con esa institución y el gobierno del estado. Por si hace falta, es necesario precisar que esas opiniones carecen o están teñidas del interés, de la animadversión y aun del loable propósito de encontrar el mejor sistema educativo para los oaxaqueños.

Ahora que el gobernador Gabino Cué Monteagudo ha terminado con la existencia del instituto, quizá ya no se vuelvan a escuchar ese tipo de frases. Se ha pasado a otra etapa impulsada por el gobierno de la República y puesta en marcha por el estatal, que puede desembocar en hechos tan o más lamentables y trágicos que los de finales de 2006. El propósito es aplicar la reforma educativa de Enrique Peña Nieto, rechazada desde siempre por la CNTE.

Cué Monteagudo llegó al gobierno del estado en 2010 con el gran capital político que obtuvo en la elección al derrotar al actual senador Eviel Pérez Magaña. No sólo había vencido al PRI, partido que gobernó la entidad durante 80 años consecutivos, sino al candidato del gobernador que personificaba la corrupción, la intolerancia y el autoritarismo en el país: Ulises Ruiz Ortiz. Impulsado por el PRD de Los Chuchos, el PAN, Juan Manuel Oliva, PT y Convergencia (ahora Movimiento Ciudadano), se habló entonces del triunfo de la democracia y de un nuevo horizonte para Oaxaca.

Gabino Cué, sin embargo, se perdió en el camino. Empezó su mandato con el nombramiento de Bernardo Vázquez Colmenares Guzmán, hijo del ex gobernador Pedro Vázquez Colmenares, que a pesar de sus ligas con el PRI fue recibido si no con beneplácito sí con el beneficio de la duda por la dirigencia de la sección 22, encabezada por Azael Santiago Chepi. Eran los tiempos del panista Felipe Calderón como presidente, que a pesar de también haber propuesto la reforma educativa que antecedió a la de Peña Nieto, no interpuso mayores obstáculos a la aceitada relación entre el magisterio y el gobierno del estado.

Durante las campañas electorales corrió la versión de que el magisterio apoyaba a Gabino Cué, cosa que fue negada por ambos en reiteradas ocasiones, pero que pareció confirmarse cuando en julio de 2012 concluyeron las negociaciones emprendidas personalmente por el gobernador y firmaron el Plan Conjunto para la Transformación Educativa de Oaxaca. La ceremonia protocolaria se realizó en Palacio de Gobierno, ubicado en el zócalo de la capital, lugar que dejó de utilizar Ulises Ruiz cuando en Tlalixtac de Cabrera terminó de construir la Ciudad Administrativa, tiempo después de concluido el conflicto magisterial de 2006. Que Gabino Cué despachara otra vez en Palacio y que ahí firmara con Santiago Chepi el acuerdo para darle un nuevo rumbo a la educación pública oaxaqueña, fue considerado casi como una declaración de principios al lanzar el mensaje de que él sí podía gobernar de cara a los oaxaqueños y que lo hacía desde su plaza principal.

Pero en realidad el nombramiento de Bernardo Vázquez era el anuncio de lo que vendría, percibido así por quienes desconfiaban de Cué Monteagudo desde la época en que formó parte del gobierno de Diódoro Carrasco Altamirano (1992-1998). Vázquez Colmenares terminó por ser un obstáculo para la relación con el magisterio, fue despedido y acabó siendo investigado por la presunta defraudación fiscal de más de cien millones de pesos en el IEEPO. Así, en tanto la relación con la sección 22 se deterioraba, el gobernador se acercaba más y más al PRI con la inclusión en su gabinete de otros militantes de ese partido.

No es casual entonces que hoy la CNTE hable de traición. No se refiere a nadie más que al gobernador, quien hace proclama del apoyo incondicional del gobierno de Enrique Peña Nieto para desaparecer el IEEPO y ajustar las tuercas para aplicar su reforma educativa y no el Plan Conjunto para la Transformación Educativa de Oaxaca, que incluso incluía como requisito la evaluación a los profesores. Ni en ese tiempo ni ahora, nadie en el resto del país reparó en ello. Como al final del mandato de Vicente Fox, estos días miles y miles de soldados y policías federales han invadido la ciudad de Oaxaca. Mientras, los profesores de la sección 22 se parapetan en su sede sindical a dos cuadras del Palacio de Gobierno, donde ya no se para Gabino Cué. La violencia y las tragedias del sexenio pasado se asoman en el horizonte.

 

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Luis López




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