SOMOSMASS99
LA COLUMNA ROTA
Frida Guerrera*
Miércoles 6 de octubre de 2021
Cuando creo que hemos escuchado el infierno más atroz llega otra historia infernal, que siempre supera el dolor, la indignación, y entonces ya no sé que más decir. Solo abrazamos, escuchamos y acompañamos la soledad inenarrable de una madre vacía
– Frida Guerrera
Erika Janeth se unió muy joven con Rubén. Antes ya había tenido a una niña que siempre permaneció a su lado; tiempo después quedo embarazada de su primer bebé con Rubén, al que cuidó desde su concepción. Durante prácticamente todo el embarazo tuvo amenazas de aborto, pero ella no quería perder a su bebé y finalmente nació el 12 de noviembre de 2003. Era un niño. Erika estaba feliz, le puso de nombre Braulio. Recuerda que era muy hiperactivo, desafiante desde muy pequeño. Siempre consentido por su papá, pero paradójicamente también maltratado por él. El pequeño y la hija mayor llegaron a ser testigos de los agravios que Rubén le propinaba a Erika. La madre siempre trataba que el niño olvidara esas situaciones para que no se pusiera triste. «Aún recuerdo que cuando tenía 7 años, Brau me dijo: ‘mami, yo voy a ser piloto aviador, te voy a lanzar una escalera para que te subas y te lleve a volar y volar», comparte con dolor Erika.
Los años pasaron y el 28 de febrero de 2008 llegó a su vida Yiyari, que significa retoño de Dios. Era una hermosa niña. Con ella no hubo ningún problema durante el embarazo. «Luego se convirtió en la luz de mi vida, ahora ya tenía a mis dos niños», rememora Erika. La vida continuó entre bajas y altas, más malas que buenas, pero ahí seguían. Durante esos últimos años Erika ya empezaba a considerar la posibilidad de separarse del padre de sus hijos. Sin embargo, llegó la tercer bebé.
Aunque el matrimonio no iba bien, Diana nació el 9 de junio de 2013. Para Erika no importaba, ella llenaba su vida ahora con sus tres hijos. Estaba plena. A Diana le puso ese nombre porque para ella siempre fue su princesa.
Al cumplir Diana un año, Erika decidió separarse del padre de sus hijos. «Lo hice por mis hijos, por mis niñas, porque él siempre las hacía menos. Todo era para Braulio, sin embargo, me llevé a todos mis hijos cuando me separé». Se fue a vivir a Tecamac, Estado de México.
A los doce años, Braulio decidió que quería vivir con su papá. Era muy negligente, hasta grosero conmigo. Por ello decidimos que sí, que se fuera con su papá. Erika se dedicó a trabajar para sus hijas. Con mucho esfuerzo empezó a sacarlas adelante, trabajando horas extras, participando en tandas para cubrir los gastos de renta, alimento, escuela. El padre no ayudaba, de vez en cuando mandaba 300 o 500 pesos, pero no daba una pensión que ayudara a aminorar la carga en Erika. Pese a todo, a ella no le importaba, ni lo necesitaba; se tenía ella y a sus hijas, que siempre entendían que mamá debía trabajar.
Braulio iba y venía, llegaba llorando. «Me decía que su papá lo maltrataba, que lo llevaba a trabajar porque él decidió ya no ir al escuela, que tenía sus manos maltratadas. Cuando venía, siempre se me perdía dinero. Mis hijas muchas veces lloraban porque decían que Braulio sólo iba a robarnos el dinero de la despensa. Pero era mi hijo, ni modo de cerrarle la puerta», explica Eri.
Así pasaba el tiempo. De repente, Braulio pasaba largos periodos sin buscar a Erika. En junio de 2019 se volvió a acercar. Erika y las dos niñas ya estaban muy bien acopladas. Eri tenía desde unos años atrás una nueva pareja, con quién tuvo a un bebé: Diego, ya de casi tres años. En aquella ocasión llegó una vez más llorando, diciendo que su papá era malo con él. «Yo no podía decirle que no se quedará, se quedo otra vez. En aquel momento vivía con mi pareja y mis hijos, todo estaba bien. Yo trabajaba como encargada de un restaurant, trataba de que mis trabajos quedaran siempre cerca de casa. El 1 de junio de 2020, Braulio se quedó con las niñas y Dieguito, el pequeño de casi tres años.
Horas más tarde acudió al trabajo de su mamá para hacerle saber que el pequeño no se movía. Ella salió corriendo rumbo a casa, para encontrarse con que el bebé ya no respiraba. Braulio le hizo saber que ya había llamado a una ambulancia y a una patrulla. Yiyari estaba en shock, no podía hablar. Diana jugaba en la tarja de la cocina. Desesperada, Erika buscó a su hermana. Sus vecinas llamaron a las autoridades y ahí supieron que nadie había pedido auxilio. Braulio estuvo en calidad de sospechoso. Las autoridades tomaron su declaración, las mismas autoridades determinaron que el pequeño «murió por muerte de cuna»(sic).
Sin embargo, muy en su interior Erika intuyó siempre que Braulio había sido el causante de la muerte del bebé. Días más tarde, una de las niñas le dijo que Braulio había metido al bebé al cuarto y lo había tapado con una cobija: «Lo durmió a fuerzas».
Braulio nuevamente se fue con su papá. La nueva pareja de Erika decidió alejarse para evitar problemas con Eri, ya que siempre desconfió de Braulio. Pasaron los meses. Erika se enteraba de los problemas que su hijo tenía, sin embargo, ella no podía hacer ya nada por él.
Le di toda mi confianza
Aún con los antecedentes de robo, y de lo que había pasado con el bebé, Braulio llegó una vez más a casa de Erika, pero ahora con una muchachita que dijo era su novia. A Erika no le pareció correcto que de la nada apareciera con una muchacha, por lo que habló con la menor y se puso en contacto con la familia de la niña para notificarles que ella estaba en su casa. Al siguiente día ellos ya no estaban. Días después Erika supo que Braulio se la había llevado a Puebla, que pretendía explotarla sexualmente y no era la primera vez. Braulio fue detenido por las autoridades, quienes ya lo iban a imputar por trata de personas. Lamentablemente, el padre del menor rogó a las autoridades para que lo dejaran bajo su cargo, firmando documentos donde se hacía responsable de su hijo y de sus actos a partir de ese momento. Las autoridades accedieron.
Pasaron los meses. En noviembre de 2020 nuevamente se presentó en casa de Erika, en Tecamac, otra vez llorando, suplicando, diciendo que le ayudara porque su padre lo maltrataba. Erika platicó con las niñas Yiyari y Diana, y ellas le dijeron que le diera otra oportunidad, «que ellas deseaban pasar una Navidad con su hermano». Con lágrimas en los ojos Erika me hace saber: «Lo querían, Frida, ellas decían que se portaba mal, pero que lo querían». Así que nuevamente se quedó en casa.
Erika pagaba por cuidar a sus hijas. Los gastos aumentaban, por lo que las niñas le dijeron que no se preocupara, que ellas se quedaban en casa con su hermano porque, además, tenían sus clases en línea. Así pasó. El trabajo de Erika estaba a diez minutos de la casa y ella les hablaba a las niñas cada hora, de cuenta que se mantenía tranquila.
El 29 de noviembre de 2020 Erika se preparó para la jornada de trabajo. Ese día se quedaron sin gas, un día antes habían preparado chilaquiles. Yiyari y Diana le hicieron el desayuno a Braulio. A las 13:40 del día Erika se despidió de las niñas y de Braulio, quien con un dejó de fastidio le dijo: «¡Sí, ya, adiós! ¡Vete!». Al llegar a su trabajo en el restaurant, había mucha gente a pesar de la cuarentena; llegó y les marcó a las niñas, no le contestaron. Continuó su labor, intentando en cuatro ocasiones más llamarlas, no tuvo éxito. Aunque por la pandemia salía a las diez de la noche, el trabajo se prolongó ese domingo hasta las 12:40 am.
«Mis patrones nos llevaban a todos a nuestras casas, yo era la primera. Llegué casi a las 12:50. Al abrir la puerta no lo vi, siempre me esperaba despierto. Al entrar al cuarto donde dormía con mis hijas, lo vi cómo estaba ahorcando a mi hija, grité y entonces se me vino encima e intentó asesinarme, me pico dos veces en las costillas, cinco en la cabeza y, al final, luego de forcejear con él más de hora y media, me golpeó con la cacha de una pistola. Perdí el conocimiento más de nueve horas», me dice Erika. «Los medios en aquel momento informaron otra cosa -me hace saber-, pero esa es la verdad. Yo lo vi cómo asesinaba a mi niña».
Braulio ya había huido cuando Erika despertó. Fue detenido el 3 de diciembre del mismo año y sentenciado el pasado 28 de septiembre de 2021. La sentencia, por ser menor de edad al cometer los feminicidios y el intento de feminicidio de su madre, fue de cinco años.
El juez le hizo saber que merecía condena de por vida por todo lo que les hizo a las niñas, las torturó, las abuso sexualmente, las asesinó y dejo muerta en vida a Erika, quién escribió una líneas para sus hijas y otras para el asesino de sus hijas.
Dos pequeñas tenían la vida por delante: Yiyari quería estudiar Biología Marina o Veterinaria. Diana, iba ser enfermera. Ya no, su asesino decidió que no. Estaba tan lleno de rencor que cuando intentó asesinar a Erika le gritó todo tipo de insultos, le dijo que sí, que él había matado a Dieguito, que en este país era muy fácil matar a un niño y que nada pasaría, y que razón tiene. Erika ni siquiera puede observar las fotos de sus hijas, su soledad abruma, se acompaña de una planta (cuna de Moisés, que era de las niñas). Conduele el corazón de aquel que puede entender que no fue su culpa, que la culpa es solo de quien se supone debía proteger a sus hermanas. Erika nos aclara: «Si narro esto es porque no quiero que ninguna madre pase por el infierno, que ninguna niña vuelva a sufrir como mis niñas, no para que me pobreteen, ni para que me tengan lástima».

Aquí, íntegras, la cartas a Braulio y a las niñas Yiyari y Diana:
Braulio:
Quiero que sepas que desde que estuviste en mi vientre te quise tanto, estaba muy feliz pues yo sabía que eras un niño cuando te tuve en mis brazos fui la mujer más feliz, fuiste creciendo y eras un niño muy imperativo. Recuerdo muy bien como te cuidaba en la escuela para que te portarás bien llegaste a tu adolescencia y empezaste a cambiar, tu inestabilidad, tú no querer estudiar, agarrar dinero, de querer hacer lo que tú querías, y de quitarles la vida a tu hermano y hermanas; ¿en qué momento cambiaste tanto?, ¿en qué momento te volviste un asesino?
Sabes que me dejaste muerta en vida con la ausencia de mis niñas, de mi niño, de saber que estás en ese lugar donde sé que no estás bien; no sabes cómo se me rompe el alma de sentir esta enorme soledad y tristeza que me acompañará toda mi vida.


Carta para Yiyari y Diana:
Mis lindas niñas:
Quiero decirles tantas cosas quiero que sepan que las amo con todo mi corazón me hacen mucha falta, mi vida no tiene sentido sin ustedes me siento muy triste de saber tantas monstruosidades que les hizo la persona que se supone las cuidaría y las defendería de todo peligro, no puedo entender porque tanto odio, rencor hacia ustedes y conmigo: sé que están con su hermanito también y sé que en algún momento nos volveremos a ver y seguir siendo tan felices como lo éramos.

¿Eres madre, padre, hermana, hermano, hija, hijo de una mujer víctima de feminicidio o desaparición? ¿Eres sobreviviente de una relación violenta o intento de feminicidio? Búscanos, ayúdanos a visibilizarlas y a contar sus historias: Voces de la Ausencia.
* Comunicadora libre, bloguera mexicana.
Facebook: FridaGuerrera Guerrera
Voces de la Ausencia @VocesDLAusencia
Foto de portada: Sebastián Gabriel (@sgabriel) / Unsplash.
Comparte en Facebook
Twittéalo








