SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez
Jueves 12 de noviembre de 2015
En vez de castigar a los hijos,
debe felicitárseles por no parecerse a sus padres
Platón
“Prepara tus cosas, no estés ahí tirado, inútil. Así son todos los buenos días que me da mi padre. Me compraba siempre lo mejor; el mejor equipo de buceo, la mejor bicicleta; mis amigos envidiaban mis tenis que eran siempre los más caros; los había de aire, hidráulicos, de un material especial que absorbe los impactos, de fibra kevlar, ni siquiera sé cuántos tengo. Mi papá nunca recuerda, viene y me levanta para que corramos; yo me visto con los pants que me compró para estrenar esta semana y lo espero sentado en la cama, esperando que papá recuerde que no puedo caminar”.
Este cuento de Carlos Luis Merino Flores intitulado “Se te olvida”, me hizo pensar en las múltiples escenas de la vida diaria donde ocurren los desencuentros derivados de la falta de coincidencia entre las necesidades de los hijos y los satisfactores que ofrecen los padres. ¿Por qué la falta de coincidencia?
La parentalidad tiene mucho de narcisismo. Tal cosa no es buena ni mala. Simplemente es. Lo importante es el manejo que hacemos de ello.
En su versión positiva, el narcisismo de los padres estimula el cuidado, la protección, la motivación, el amor y la educación para los hijos: “lo nutro y educo para que sea feliz y el día de mañana sea un Rodríguez que haga bien a la sociedad”. En esta versión el niño es visto como una persona distinta a sus padres y orgullosamente perteneciente al linaje.
Pero en su versión negativa, el hijo no puede ser visto como un niño diferente a los padres sino que es convertido en una extensión al obligarlo a ser lo que ellos fueron, son o desearon ser.
Los padres extremadamente narcisistas hacen mucho daño a sus hijos porque terminan por anularlos, denegarlos, invisibilizarlos (acciones antagónicas al amor). Lo sano en el desarrollo humano es que el niño pueda ver su reflejo en la mirada de sus padres y que estos confirmen su existencia respondiendo a sus gestos. Sin embargo, este tipo de padres no pueden espejear a su hijo porque están ocupados viéndose a sí mismos en aquel.
¿Te ha tocado ver a niños o niñas sin capacidad para sorprenderse con lo cotidiano, sencillo y natural? Suele tratarse de niños atiborrados de regalos, estímulos y experiencias vividas a destiempo; “todo con la intención”, dicen los padres, “de que no les falte lo que a mí”, “para que no sufra lo que yo sufrí”, “para que sea lo que yo no pude”:
Disneylandia al año de edad, iphone a los cuatro, computadora personal a los siete, motoneta a los nueve (antes de haberle sacado todo el jugo a la bicicleta), automóvil a los 15, un puesto directivo en la empresa del padre a los 20 (sin haber hecho méritos), dueño de la misma empresa a los 27 aun cuando el padre siga vivo, son ejemplos del narcisismo paterno/materno.
También lo son: imponerles la carrera, profesión u ocupación que tuvo o quiso tener el padre, el abuelo o el bisabuelo.
En ocasiones se nos olvida que el niño es otro. Diferente. Único. Con tiempos e intereses propios.
Nuestra tarea diaria es la de diferenciarnos, tomar distancia para mirarlo con su existencia propia y tratarlo en función de sí mismo, para que el día de mañana sea lo que tenga que ser.
Debemos quererlos no porque se nos parezcan, sino precisamente, porque no son como nosotros, ¿no crees?
La reflexión sobre el rol de padre/madre es esencial. Te invitamos a la conferencia: “Buenos tratos y Manejo de Berrinches”, a cargo del psicólogo chileno experto en Teoría del Apego, Álvaro Pallamares y Gaudencio Rodríguez, psicólogo y autor del libro “Cero golpes”; se llevará a cabo el 26 de noviembre en León, Guanajuato. Inscripciones en www.buentrato.org.mx, informes en f/Gaudencio Rodriguez J y [email protected]
Psicólogo / [email protected]
Comparte en Facebook
Twittéalo








